3×1154 – Rehén

Publicado: 31/07/2018 en Al otro lado de la vida

1154

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

23 de enero de 2009

 

BÁRBARA – ¿No puedes hacer nada?

Carlos miró a la profesora con una expresión de evidente molestia en el rostro. Podría ser buen técnico, pero no era un mago.

CARLOS – ¿Pero tú has visto cómo está esto?

Bárbara suspiró, y comenzó a girar su anillo de pedida en el dedo. Héctor parecía haber aprendido de sus errores, e iba por un paso por delante. Ellos no hacían más que dar palos de ciego, y la profesora cada vez tenía menos esperanza en que consiguieran salir de esa sin más bajas.

BÁRBARA – Si la ha destrozado, es porque no quiere que no les avisemos. Lo más seguro es que ya se haya ido a por ellos.

Carlos asintió vagamente. Parecía tener la cabeza en otro lado. Necesitaba tiempo para reflexionar, pero ahora mismo tiempo era lo que menos tenían. Bárbara estaba sobreexcitada.

BÁRBARA – ¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes!

CARLOS – No vamos a poder llegar antes que él. Debe de hacer horas que se fue.

BÁRBARA – Bueno, pero por lo menos… ¡Algo hay que hacer! ¿no? Venga, ¡va!

Abandonaron el dormitorio a toda prisa. Con excesiva prisa. Ío les seguía a la carrera. Empezaba a arrepentirse seriamente de no haberse quedado en el sótano del pub, tal como le aconsejó Carlos. De haber estado menos ansiosos, menos nerviosos, Bárbara hubiese caído en la cuenta que la cama de su dormitorio estaba deshecha, a diferencia de cómo ella la había dejado al abandonar el barrio. Si hubiese ido más allá, incluso podría haber detectado que aún conservaba parte de la calidez del cuerpo de su enemigo, y ello le habría hecho cambiar sustancialmente sus prioridades. Pero por suerte o por desgracia, tenía demasiada prisa. Sin otra idea que la de abandonar el barrio cuanto antes, pusieron rumbo al patio de la escuela.

En esta ocasión fueron más temerarios que en el trayecto hacia el ático. Si bien los tres estaban armados y más que dispuestos a defenderse ante cualquier ataque, la excesiva prisa con la que iban les podría haber salido muy cara. Pero por fortuna, nada ocurrió, y llegaron al patio de la escuela en tiempo récord, aquella fría mañana de enero de cielo despejado. La sensación general era de incomodidad: todo estaba resultando demasiado sencillo. Héctor parecía haber desaparecido del mapa.

Bárbara corrió hacia la furgoneta y abrió a toda prisa la puerta del copiloto. Ío la seguía como si fuera su sombra. Lo único que quería era desaparecer de ahí cuanto antes. El barrio ya no era un lugar seguro. En esos momentos, cualquier otro lugar de la isla, incluso con infectados merodeando por la zona, le resultaría mucho más atractivo. Carlos se quedó quieto donde estaba, en medio de la zona de tiros libres, con la mirada gacha. La profesora se giró hacia él, muy molesta por su parsimonia.

BÁRBARA – ¿¡A qué esperas!?

Carlos negó con la cabeza. Bárbara rezongó, salió del vehículo y se enfrentó a él. Estaba extremadamente nerviosa. El sol emergió por el horizonte, dando la bienvenida a un nuevo día. A nadie pareció importarle lo más mínimo.

BÁRBARA – ¿Qué pasa, Carlos?

CARLOS – Mira las ruedas.

Bárbara giró el cuello y contempló las dos ruedas del lado derecho del vehículo. Estaban completamente deshinchadas, igual que las otras dos, como si alguien las hubiera pinchado con una afilada navaja de más de quince centímetros de filo. La profesora se quedó pálida como la tiza. No solo no podrían salir del barrio sobre ruedas, sino que Héctor sabía que estaban ahí. Se sintió estúpida. Debió haberlo pensado antes. Movida más por el instinto que por el raciocinio, volvió a la furgoneta y agarró a Ío de la muñeca, haciéndola salir a toda prisa. La joven no entendía nada, pero estaba tan asustada que se dejó hacer.

BÁRBARA – Vámonos de aquí, Carlos. ¡Vámonos ya!

El instalador de aires acondicionados asintió, y los tres pusieron rumbo a los portones de entrada. Incluso aunque tuvieran que deambular por las calles en busca de otro vehículo, exponiéndose a ser sorprendidos por los infectados, cualquier alternativa era más apetecible y sensata que seguir ahí un minuto más. Lamentablemente, no tuvieron ocasión de avanzar ni cinco metros.

HÉCTOR – ¡No tan rápido!

Bárbara y Carlos frenaron de golpe y se giraron a toda prisa al escuchar la voz de Héctor tras ellos. Ío lo hizo poco después, al descubrir que se había quedado sola. A Bárbara se le vino el mundo encima tan pronto vio que Héctor no estaba solo. Los ojos de Ío se velaron por las lágrimas instantáneamente, y las piernas empezaron a temblarle incontrolablemente. No podía ser cierto.

Héctor había atrapado a Zoe. Otra vez. Bárbara no entendía nada. La pequeña de la cinta violeta en la muñeca no podía estar ahí: debía estar a salvo en la mansión de Nemesio, durmiendo a pierna suelta en uno de los muchos dormitorios que ahí había, ajena al drama que ahí se estaba viviendo. El ex presidiario tenía su único brazo rodeándole el cuello, y un espeluznante cuchillo de deshuesar apoyado en su yugular, presumiblemente el mismo que había acabado con la vida de Marion horas antes.

HÉCTOR – Un solo movimiento en falso y le rebano el cuello. Sabéis perfectamente que soy capaz de ello, ¿me equivoco?

Bárbara y Carlos se miraron el uno al otro durante un instante, antes de girarse de nuevo a Héctor, que avanzaba hacia ellos a paso lento, empujando a Zoe. La niña tenía la mejilla izquierda enrojecida. Su labio inferior sangraba por un corte que parecía muy reciente. Parecía más avergonzada que asustada, y a diferencia de Ío, no lloraba.

HÉCTOR – Dejad las armas en el suelo, y empujadlas hacia aquí.

Bárbara no se lo pensó dos veces. De hecho no pensó absolutamente nada, sencillamente acató su orden ciegamente. Zoe no tuvo el valor de levantar su mirada del suelo. La profesora puso su arma en el duro suelo de cemento, la pisó y la empujó en dirección al ex presidiario. Carlos puso los ojos en blanco.

comentarios
  1. Angela dice:

    Que mala suerte!! pensé que Zoe estaría por los alrededores pero no en manos de Hector, hasta ahora ese maldito tiene las de ganar!!
    Gracias David! se me hizo muy corto este capitulo…😓

  2. Beth dice:

    Uy que intriga. 😮 Una pregunta, aclararas algún día porque Barbara comienza en un ataud? O ya lo has explicado y no me di cuenta? 😳. Muchas gracias.

    • El esquema de la novela está pensado muy a fondo antes siquiera de empezar. Comencé la novela con la trama de Bárbara a medias y sin explicar qué había pasado antes ni con ella ni con la pandemia. En el primer libro la trama troncal avanzó a medida que intercalaba la evolución de la epidemia. En el segundo libro la trama troncal avanzó a medida que intercalaba la historia de Bárbara previa al momento en el que empieza la novela (saltándome a mala fe la última parte, que es la que explica cómo llegó al ataúd). En el tercer libro la trama troncal avanza a medida que intercalo la historia de Guillermo. Te avanzo, que cuando el libro esté a punto de acabar, añadiré el último flashback de Bárbara, el que da continuidad al momento en el que aparece en el ataúd, de modo que verás saciada tu curiosidad. Pero para eso falta acabar el arco argumental de Héctor, que no le queda mucho, y dos arcos argumentales más antes que la novela acabe definitivamente. 🙂

      David.

  3. Fran dice:

    Lo del porqué empieza en un ataud saldrá a la luz…
    Me necanta el personaje de Zoe…
    Y también se me ha hecho muyyyyyy corto!!!

  4. Beth dice:

    Uy! Ya me dejas un pelin tranquila sabiendo que me entérate de por qué ese ataud. Pero lo de que la novela acabe definitivamente me pone triste ☹️. Es como cuando se han terminado momentos importantes en mi vida, como acabar el instituto, dejar de vivir en casa de los padres, etc. Son momentos que se que a partir de ahí va a ver un cambio en mi vida xa bien y que tiene que ser así, pero me pongo triste cada vez que termino un libro que me gusta. A ver, para los alarmistas, no me deprimo cuando termino un libro, pero enseguida tengo que buscar otro que me llene para poder continuar y no tener sensación de que me falta algo.

    • Para bien o para mal, también te informo que después de escribir esta trilogía, escribiré otro libro que se llamará ‘Al otro lado de la realidad’, que no tiene nada que ver; tratará sobre fantasía, y espero que sea algo muuuuy interesante. Llevo tiempo trabajando en el esquema de esa novela, y le tengo muchísimas ganas. Cuando acabe ese, escribiré una secuela de ‘Al otro lado de la vida’ que pasa unos 15-20 años después de que acabe esta trilogía que se llamará ‘Al otro lado de la muerte’ y conservará a uno de los protagonistas, así que… no se acaba la historia aquí, sino que continúa. Pero será distinto, ya no habrán infectados, será otro entorno, será otra historia… más enfocada a la regeneración de la sociedad tras una pandemia que ha dejado muy pocos supervivientes que han debido reorganizarse, ciudades reclamadas por la naturaleza… Creo que puede ser muy chulo, pero de lo que sí estoy seguro es que será un único libro autoconclusivo. No me puedo pasar 10 años escribiendo lo mismo otra vez. XD

  5. Ma. Del Rosario Verdayes G. dice:

    Hola David, muchas gracias por el capitulo de hoy. Estoy de acuerdo con que a todos nos parece poco y lo unico que deseo es tener todo lo que falta y devorarlo, pero tambien extranare tanto cuando se termine, que esperare ansiosa poder comprar todo lo que venga. muchas gracias. excelente y algo muy malo tendra que sucederle a Hector, no es posible que le salgan bien las cosas. y Barbara?, sobrevivira? verdad que si? Gracias, saludos desde Mexico.

  6. White dice:

    Hola. Soy nueva por aquí. Hace algo más de una semana que empecé a leer la trilogía y no la he podido dejar, incluso robando tiempo al sueño. El último lo leí hacia atrás porque está roto el enlace David.

    Me gusta el personaje de Zoe pero ya me harta que esté siempre liándola.

    Lo de Morgan y ver la historia “desde el punto de vista de un infectado” ha sido lo que menos me ha convencido. Para mí debería haberse quedado en cuando se convierte. No me resulta del todo verosímil su actitud como infectado.

    • ¡Bienvenida White! 😀

      Siempre es un placer contar con nuevos lectores que se sumen a la pequeña familia que tenemos aquí en el blog. Jamás dejará de sorprenderme lo rápido que podéis llegar a leer, es una gozada. Confío que ello sea el reflejo de haberlo pasado bien haciéndolo. ¡Yo he tardado más de diez años en escribir todo esto! Lamento haberte dejado una pequeña secuela de ojeras durante unos días. XD

      Zoe tiene escasos diez años, y una personalidad muy particular. Desde el principio la he interpretado como la coprotagonista de la novela, del mismo modo que lo es Bárbara, cada cual a su manera. De ahí que de un modo u otro siempre esté metida en todos los fregaos’. No es coincidencia que en las portadas sólo salgan ellas dos. Sí es cierto que en muchas ocasiones he llevado su personaje al extremo, para poder justificar giros de la trama y sorpresas al lector y algo más de variación en algo que podría ser muy plano. De ese modo he hecho peligrar la verosimilitud del conjunto más de una vez, soy consciente de ello, y he reflexionado mucho al respecto, pero la conclusión a la que siempre he llegado es que el fin acababa justificando los medios. Este es el mejor ejemplo. Que aparezca aquí y vuelva a dejarlo todo en suspense y tensión… no sé hasta qué punto os lo podréis creer o no, pero si he conseguido que una parte de los lectores se haya sorprendido y se haya emocionado al ver dar de nuevo estos saltos a la trama, poniendo en peligro y tensión a los personajes en situaciones límite, y sobre todo, sorprendiéndoles, ofreciéndoles algo que no se esperaban, yo me quedo algo más tranquilo. Del mismo modo, comprendo que pueda resultar algo estomagante, aunque espero de igual modo que la visión de conjunto emborrone un poco estas licencias literarias para dar más emoción a la novela.

      Siempre interpreté a los infectados como “el enésimo personaje”, y desde que comenzó la novela quise que uno de los flashbacks estuviese focalizado en uno de ellos, para mostrarlos con algo de profundidad psicológico-emocional, pese a las limitaciones de su condición, para que no se vieran como “malos genéricos planos meras herramientas”, sino algo más. Di pinceladas de ello en algunas otras ocasiones, haciendo que tuvieran miedo, que se reunieran en grupos, que cuidasen de los débiles… Cuando eliminé a Morgan de la novela, fue con la clara convicción de que sería para siempre, al menos en su concepción como personaje… sano. Eso era irreversible. Sabía que volvería en un momento u otro, porque tengo el firme propósito de no dejar cabos sueltos, y el “qué fue de Morgan” era uno bastante gordo. Tenía la resolución del segundo acto de la trama de Héctor algo borrosa aún, y con la idea de lo de hacer el flasbhack de un infectado… todo encajó en mi cabeza. Tan solo tuve que buscar el mejor encaje de Morgan en las tramas que ya tenía cerradas, y hacer que todo confluyese… literalmente en este capítulo, y en lo que vendrá en los siguientes. Estas subidas de tensión y giros son el contrapunto al resto de la evolución de la trama más pausada y quizá creíble, pero sin ellos… ¡todo sería mucho más aburrido! Yo disfruté muchísimo con ese flashback, aunque entiendo que tú no lo hayas hecho de igual modo. Siempre quise enfocar a los infectados como “algo más”, y poder hacerlo con uno de los secundarios de primer orden… era demasiado tentador. xD

      En adelante, podrás leer dos capítulos por semana (siempre que pueda sacar tiempo para escribirlos, lo que confío ocurra con mucha frecuencia), martes y sábados, habitualmente a las 00:00.

      Agradezco por una parte que le hayas dado una oportunidad a la novela, y a que hayas decidido saludarnos por aquí. Del mismo modo, aprovecho para pedirte un pequeño favor. Si has leído los libros vía Amazon, me harías increíblemente feliz si hicieras una valoración con estrellas a los mismos en Amazon. Como autor independiente sin ninguna vinculación con editorial alguna, que la gente me lea depende del feedback de los lectores como tú.

      Gracias por todo. Aquí me tienes para lo que necesites. 🙂

      David.

  7. White dice:

    Gracias David. Hoy es tarde pero contestaré a tu amable post en cuanto pueda. Sólo te diré que sí, que me lo he pasado muy bien leyendo tus novelas.

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