3×1157 – Disparos

Publicado: 11/08/2018 en Al otro lado de la vida

1157

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

23 de enero de 2009

 

El alegre sonido del canto de los pájaros dando la bienvenida al nuevo día contrastaba con el ambiente triste que se vivía en el patio de la escuela. Los dos cadáveres que poblaban la pista seguían desangrándose por las múltiples heridas de bala que les habían brindado, despidiéndose para siempre del mundo que les había visto nacer. Cualquiera hubiera podido jurar que eran la encarnación del bien y del mal. Ambos habían muerto con la misma facilidad, con idéntica fragilidad, demostrando a los supervivientes que la guadaña de la muerte no entendía de esas cosas, que la justicia no era más que una entelequia, una ingenua invención humana.

Carlos apretaba aquél pedazo de tela sobre la herida de Bárbara, que ya apenas sangraba. La profesora había recuperado el conocimiento hacía unos minutos, para descubrir que Héctor ya no volvería jamás a suponer una amenaza. Tenía un millar de preguntas al respecto, más al descubrir el cuerpo de Morgan tendido a escasa distancia del de su verdugo, pero viendo las caras de los demás, prefirió esperar. Estaba todavía bastante afectada por el disparo, que a punto estuvo de acabar con ella. El peligro ya había pasado, y eso era todo cuanto ella necesitaba saber por el momento.

La bala que le regaló Héctor había penetrado por su escaso tejido adiposo para acabar alojándose en una de sus costillas, sin afectar a ningún órgano, por fortuna. Si tal solo hubiese accedido a su cuerpo unos milímetros más arriba o más abajo, todo hubiera sido muy distinto, pues detrás se encontraba su corazón. Precisaría de la ayuda de Abril, de nuevo, para eliminar la bala de su organismo, pero no cabía duda de que sobreviviría. Además, su herida cicatrizaría enseguida y su cuerpo regeneraría la sangre perdida en un abrir y cerrar de ojos, gracias a su particular condición. Ser una infectada tenía sus ventajas.

Zoe estaba frente al cadáver de Morgan, sosteniendo la mano salpicada de sangre del policía entre las suyas, mientras las lágrimas le recorrían las mejillas. Se sentía muy culpable por haberle arrastrado a ese destino, pero era consciente que ya no se podía hacer nada por él. Los infectados tenían una fuerza y una resistencia prácticamente sobrehumanas, pero no eran inmortales. La joven de la cinta violeta en la muñeca ignoraba que Morgan se habría sentido increíblemente afortunado de tener ese final. Acabar como un infectado había sido la peor de las torturas sus últimos días, y tener que abandonar a Zoe, un trago demasiado doloroso. Salvarla, en última instancia, al menos brindaba algo de sentido a toda esa locura. Lamentablemente, él nunca lo sabría.

Ío estaba en el otro extremo de la pista, alejada de sus compañeros, dándoles la espalda. Se había sentado en uno de los bancos después de su inesperado aunque necesario arrebato de ira. Nadie había abierto la boca desde entonces.

Después de acabar con la vida de Héctor había dejado caer la pistola vacía al suelo, aún con un rictus de tensión en el rostro, y se había alejado de su cadáver arrastrando los pies. La visión de lo que quedaba de la cabeza de aquél infame hombre que tan mal se lo había hecho pasar resultaba grotesca, pero a diferencia de lo que ella esperaba, no le brindó la paz que creía encontraría borrándole del mapa, sino que le hizo sentirse muy mal consigo misma. Por más que lo mereciera, y que su muerte significase que otros muchos vivirían, y por más que hubiera muerto de todos modos en cuestión de minutos debido a lo malherido que lo había dejado Morgan, ella sintió que había sido injusta, tratándole igual que lo hubiera hecho él mismo. En aquél momento, lo único que la movía era un sentimiento de venganza, y temía haber sobrepasado una línea que jamás podría volver a cruzar en sentido opuesto. Aquél mundo estaba jodidamente podrido.

Desde entonces se había mantenido quieta, con las manos sobre las rodillas, la mirada perdida en ninguna parte, intentando vaciar su mente aunque fracasando estrepitosamente en el intento. Habían sido demasiadas emociones fuertes en muy poco tiempo, y aún tardaría muchísimo en ser capaz de digerirlo todo. Por fortuna, aún tenía muy buenos amigos en los que apoyarse para no hundirse en su desconsuelo. Todos, a excepción de ella, que no pudo oírlo, se giraron hacia el portón de acceso delantero al recinto del colegio al escuchar cómo se abría con un gruñido.

Juanjo, vestido con pantalón de chándal y una chaqueta de plumas abrochada hasta el cuello, caminaba hacia ellos con una expresión de evidente preocupación en el rostro. Frunció el ceño al descubrir el estrepitoso fracaso de su plan para deshacerse de sus molestos vecinos. Esforzándose por hacerse el sorprendido, cruzó su mirada con la de los demás, intentando leer en ellas algo que le diese alguna pista sobre lo que había ocurrido. Su reacción le resultó de lo más gratificante. Héctor no parecía haberle delatado, antes de acabar con su cabeza hecha papilla, de modo que después de todo, la cosa no había salido tan mal. Volvía al punto de partida.

El banquero se había propuesto mantenerse al margen hasta que todo hubiese acabado, pero al escuchar semejante escándalo, concluyó que algo no debía andar bien. Héctor no pretendía acabar con sus enemigos con armas de fuego, y aunque así lo hubiese hecho, Juanjo dudó mucho que todos aquellos disparos los hubiese efectuado él.

Corrió hacia ellos, aún forzando aquella expresión de asombro e incredulidad en el rostro. Le echó un vistazo al cadáver de Héctor, sin ningún tipo de remordimiento por haber sido una pieza clave para su caída definitiva. Es más, sintió rabia por haber confiado en él para satisfacer sus egoístas aspiraciones. Estaba claro que si quería que las cosas se hiciesen bien, debía hacerlas él mismo. O quizá urdir un mejor plan.

JUANJO – ¿Pero qué ha pasado aquí? He oído un montón de disparos.

CARLOS – A buenas horas llegas tú.

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comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Se que un dia los dibujos volveran. En ese momento ambientare el momento de Zoe con Morgan y la desolacion de Io con la cancion que escuchaba mientras leia esas magnificas lineas. Por ahora solo decir a quien le interese, que la cancion en cuestion se llama Final Masquerade de Linkin Park. No se por que pero me hizo sentir mas conexion con el momento de la historia.

    Para finalizar, pense que este seria el final de la historia, pero aun hay tela por cortar, por lo que ahora quedo aun mas expectante sobre el futuro de AOLDLV. Saludos a todos desde este lado del Atlantico!

    D-Rock.

  2. Angela dice:

    Gracias David por estos excelentes capítulos, ahora a esperar lo siguiente que les trae el destino a estos sobrevivientes, detesto a Juanjo, quiero que lo desenmascaren!!!

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