3×1159 – Agujeros

Publicado: 18/08/2018 en Al otro lado de la vida

1159

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

23 de enero de 2009

Abril dio el último punto en el pecho de Bárbara. Después de todo, tan solo quedó una pequeña marca a unos pocos centímetros del pezón. Resultaba algo inquietante el modo cómo respondía su cuerpo. Tuvo que horadar un poco con el bisturí para poder acceder a la bala, pues el tejido había empezado a cicatrizar interiormente, absorbiendo el cuerpo extraño. Se trataba de una operación delicada, que en cualquier otra circunstancia Abril se hubiese negado a hacer en tan precarias condiciones, pero la situación era del todo menos normal. En esos momentos a la médico no le hubiera hecho ninguna falta hacer prueba alguna con su sangre para determinar que Bárbara estaba infectada. El poder curativo de ese virus resultaba a todas luces inverosímil.

Lo desinfectó a conciencia y lo vendó en diagonal. Bárbara agradeció su ayuda, y agarró el sujetador para vestirse de nuevo.

ABRIL – Todo esto ha pasado por mi culpa…

BÁRBARA – ¿Pero qué tonterías dices? ¿Tú qué ibas a saber?

Abril suspiró, y comenzó a guardar el equipamiento médico en el maletín que había traído consigo. Se sentía increíblemente estúpida por haberse dejado engañar todo ese tiempo.

ABRIL – Debí haber sospechado algo… Ese hombre… no era del todo normal.

Bárbara se enfundó en una camiseta interior térmica limpia. Todos habían dado por hecho que Héctor estaba muerto, y no sin razón. El único culpable de lo que había ocurrido había sido él mismo.

ABRIL – Pero estaba tan sola…

La profesora frunció el ceño.

BÁRBARA – Abril… no tienes por qué estarlo. El barrio… es seguro. Ya lo has visto. Aquí no se puede colar ningún infectado. A estas alturas de la película… yo me preocuparía más por las personas, que por ellos.

Abril levantó la mirada, aún con aquella expresión triste en el rostro.

BÁRBARA – ¿Por qué no te quedas con nosotros, de una vez por todas?

La médico bajó la mirada y suspiró de nuevo.

ABRIL – Lo siento. De verdad que lo siento.

Bárbara se adelantó y abrazó a la médico. Ambas sollozaron durante unos minutos, apoyándose la una en la otra. Pese a que el peligro ya había pasado, las consecuencias de éste jamás se borrarían. Nadie podría devolver la vida a todos aquellos bebés, que tan poca culpa tenían de las ansias de venganza de aquél loco.

Ambas abandonaron el ático en un silencio tenso. Cuando pasaron frente a la puerta del piso de Ío, que seguía tirada en el suelo, Bárbara tuvo la tentación de llamar la atención de su inquilina, e invitarla a que se sumase a ellas, pero prefirió no hacerlo. La joven aún debía digerir todo lo que había ocurrido, y le vendría bien estar sola un rato. Así al menos podría descansar, pues por la noche no había pegado ojo.

Al llegar al Jardín, descubrieron a Carlos trabajando duro en el terreno frente al pedazo de muro donde Christian había hecho aquél mural. Se había quitado la chaqueta y de cintura hacia arriba tan solo vestía una camiseta blanca de manga corta. Pese al frío que reinaba en el ambiente, estaba sudando.

Había avanzado a una velocidad sorprendente, aprovechando que la tierra estaba aún bastante blanda por las últimas lluvias. Ambas contemplaron, con un nudo en el estómago, dos grandes agujeros en los que cabría sin problemas un cuerpo humano adulto. En esos momentos el instalador de aires acondicionados estaba trabajando en otro mucho más pequeño. Aún tenía mucho trabajo por delante.

Carlos no se molestó siquiera en girarse hacia ellas, pese a que las había visto llegar. Al fin había encontrado algo con lo que ocupar su cuerpo y su mente. Aquél trabajo mecánico tan farragoso le permitió apartar de su cabeza todos los fantasmas que por ella revoloteaban. No pararía hasta acabar, del mismo modo que no aceptaría la ayuda de nadie.

Las dos mujeres continuaron caminando hasta la escena del crimen. Zoe se había quedado dormida hecha un ovillo junto al cuerpo sin vida de Morgan, que ahora permanecía oculto bajo una sábana de un blanco impoluto. No lucía sus habituales gafas de sol, y con los ojos cerrados, nadie podría haber sospechado que estaba infectada. Ella había sido la primera en recibir la atención médica de Abril, que tan solo tuvo que dar una docena de puntos al pedazo de piel que Héctor había rebanado en su cuerpo cabelludo. No recuperaría el lóbulo perdido de su oreja, pero la herida ya había cicatrizado por sí sola, y Abril tan solo se encargó de desinfectarla y limpiarla a conciencia.

Fernando hacía cosa de una hora que había abandonado el barrio, después de sustituir los neumáticos pinchados de la furgoneta por otros nuevos. Había puesto rumbo a la mansión de Nemesio en busca de los demás, para traerlos de vuelta al barrio y poder despedir entre todos a los que les habían dejado.

Ambas se giraron hacia el portón de acceso delantero al recinto de la escuela, al escuchar cómo gruñían los goznes. Vieron a Paris, caminando a paso decidido hacia la entrada del gimnasio. Bárbara frunció el ceño. Se vio tentada a abordarle, para pedirle disculpas por su arrebato de ira, del que se sentía algo avergonzada, pero no lo hizo. Las dos contemplaron, con una expresión sorprendida, cómo el dinamitero agarraba el cadáver de Héctor por el tobillo y lo arrastraba, dejando un irregular reguero rojo en la pista, hacia el vehículo con el que había llegado hasta Bayit en compañía de la médico y de Fernando.

Abrió el maletero del coche y metió al irreconocible Héctor dentro, de muy malas maneras. Cerró el maletero con un sonoro portazo y condujo el coche hasta el portón de acceso trasero del recinto de la escuela.

ABRIL – ¿Dónde va ese?

BÁRBARA – Déjalo. Por mi, como si no vuelve.

Paris cerró a su paso y se alejó de Bayit, conduciendo por las vacías y silenciosas calles de Nefesh acompañado tan solo por sus oscuros pensamientos. Con ello, no hacía más que acabar lo que había empezado hacía un par de meses.

Para su sorpresa, la enorme mayoría de sus antiguos amigos aún seguían con vida, aunque estaban más hambrientos que nunca, a juzgar por su aspecto. El dinamitero, no sin cierta dificultad, consiguió introducir el cadáver de Héctor en el instituto. Docenas de infectados acudieron raudos, ansiosos, gruñéndose y golpeándose unos a otros, devorando el cadáver del ex presidiario como si fuera su última cena. Tan solo la verja separaba a Paris de una muerte segura. Tal fue el éxito de su iniciativa, que en cuestión de minutos, resultó irreconocible.

Paris se quedó mirándolos hasta que, horas más tarde, el último infectado abandonó el último pedazo mordisqueado de hueso.

Anuncios
comentarios
  1. Angela dice:

    Por fin no queda nada de Hector, Paris hizo un buen trabajo, mientras no pretenda hacer lo mismo con Barbara porque lo enfrenta…😈

  2. Drock9999 dice:

    Me uno a Angela. Finalmente de esa vibora ya ni la piel 🤣

    D-Rock.

  3. Angela dice:

    Pues ahora a esperar que va a pasar con Juanjo el traidor o Paris el inestable… o por fin sabremos porque Barbara estaba en un ataúd????

    • Las tres preguntas obtendrán su respuesta, aunque no necesariamente en ese mismo orden. xD

      David.

      • Angela dice:

        Ya quiero saber!!! cuando vas a vender el libro??? 😄

        Gracias David!

        • Ahora mismo sólo quedan dos arcos argumentales más para que acabe el libro, y los tres capítulos que quedan del actual de Héctor, además de algún que otro flashback de Guillermo, el último de Bárbara, y un par de sorpresillas más de última hora. Realmente, en comparación con lo que llevamos del tercer tomo, es más bien poco. Voy colgando a medida que escribo y reviso varias veces el capítulo en cuestión. Hoy por hoy, vosotros y yo estamos prácticamente a la par en ese aspecto. Pondré el tercer libro a la venta tan pronto acabe de escribirlo y darle el último lavado de cara. En algún momento pensé en colgar medio libro en Amazon para que pudierais leerlo más cómodamente, y colgarlo entero tan pronto lo tuviera escrito del todo, pero con eso lo único que conseguiría sería algo de dinero a cambio de dejar a un montón de gente a medias, y no me pareció elegante. Un poco más de paciencia y listo. 🙂

          David.

          • Angela dice:

            Gracias David, clarísimo el argumento, no queda mas que tener paciencia, tengo muchas ganas de tener los tres libros, ya tengo dos, aunque creo que deberías subirles el precio en Amazon, prácticamente fue un regalo y con lo entretenida, interesada, ansiosa e imaginativa que me he puesto con toda esta lectura, has hecho un excelente trabajo.

            • Fran dice:

              Opino igual. También tengo los dos primeros libros y creo que con lo que estoy disfrutando la historia, deberías subir el precio.
              Un placer disfrutar ésta historia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s