3×1161 – Chivato

Publicado: 01/09/2018 en Al otro lado de la vida

1161

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de enero de 2009

Juanjo se asomó por la persiana del taller y vio el panorama de lo que parecía el velatorio de un entierro múltiple. Puso los ojos en blanco y entró de nuevo, sin que nadie se hubiese percatado de su presencia. Era sin duda el momento idóneo para seguir con su incansable plan para aprovisionarse de víveres: si se daba la prisa suficiente, podría volver a llenar el carro sin que nadie le importunase. El cachorrillo, Carboncillo, que parecía haber aparecido de la nada, le olisqueó y emitió un agudo ladrido. El banquero lo ahuyentó de una patada, molesto. El perro salió corriendo en dirección opuesta, internándose en el Jardín, y él aprovechó para desandar sus pasos.

Juanjo sacó el carro de la compra del aparcamiento subterráneo donde lo había escondido, gruñendo al subir la cuesta, y se dirigió al acceso al centro de ocio. Paró en seco al escuchar unas voces procedentes del restaurante que había justo al lado de la entrada principal. En su rápido vistazo al improvisado cementerio había dado por hecho que todos los demás habitantes del barrio estaban ahí congregados: resultaba evidente que se había equivocado. Dudando entre si dejarlo estar y volver a su casa o entrar de todos modos, se encontró prestando atención a la conversación a través del cristal roto de la entrada del restaurante.

Lo que escuchó a continuación cambió por completo su percepción de la realidad, hasta el punto de creer que lo estaba soñando. Incapaz de dar crédito a lo que oía de la conversación entre los hermanos Vidal, e igualmente incapaz de alejarse de tan suculenta fuente de información, Juanjo iba acercando su oreja cada vez más a la entrada, aún lejos del campo de visión de Bárbara y Guillermo. Estaba tan obnubilado por cuanto escuchaba, que llegó un momento que incluso perdió el equilibrio y a punto estuvo de caer al suelo. Consiguió agarrarse al carro a tiempo de no caerse, pero hizo un ruido imperdonable, que inevitablemente alertó a los hermanos.

Juanjo se quedó de piedra, convencido que le habían descubierto. Aguantó la respiración, quieto como una estatua, consciente que si sabían lo que había averiguado le querrían muerto y enterrado, tal como estaba Marion a escasos cincuenta metros de ahí. El corazón luchaba por salírsele del pecho.

BÁRBARA – Debe de ser el perro. Carla lo ha dejado suelto, y no para de dar vueltas por todos lados.

El banquero se dirigió de nuevo al aparcamiento subterráneo, empujando el carro e intentando hacer el menor ruido posible. Desde la rampa escuchó como los dos hermanos abandonaban el restaurante y volvían al velatorio. Por fortuna, no habían reparado en él, y todo se lo debía a aquél maldito perro. Le bendijo en voz baja por ello.

Le temblaban las manos, y el corazón le latía a toda velocidad debajo del pecho. Pasó más de quince minutos dándole vueltas a lo que había escuchado, en su particular escondrijo en el cuarto de la maquinaria de mantenimiento del aparcamiento, que era donde guardaba el carro con el que había robado más de una tonelada de comida las últimas semanas. Mientras más vueltas le daba, más piezas encajaban en su cabeza. No quería precipitarse, pero al mismo tiempo era consciente que algo así era justo lo que necesitaba para fracturar aún más al grupo y forzarles a un conflicto que revertiría en que él, a corto plazo, debería compartir aquella comida con aún menos gente.

Juanjo respiró hondo, salió de aquél claustrofóbico cuarto que olía a cerrado y se dirigió de vuelta al Jardín, como si no hubiera roto un plato en toda su vida. Se sorprendió al comprobar que Paris ya no estaba ahí, pero concluyó que eso le vendría aún mejor, y se dirigió de nuevo al edificio del centro de ocio, dejando al resto velando a los muertos.

Se rascó la incipiente calva frente a la puerta del dinamitero, confiando que se encontrase dentro de su piso. Finalmente se armó de valor y golpeó la puerta con los nudillos. Tres golpes fuertes y certeros. Pasaron unos segundos en los que llegó a convencerse que no había nadie dentro. Finalmente escuchó un arrastrar de pies y acto seguido se abrió la puerta. Al otro lado se encontraba el orondo dinamitero, vestido de chándal y con pantuflas de andar por casa. El desorden y la suciedad que reinaban en la vivienda resultaban abrumadores. Juanjo decidió pasarlos por alto y fijó su mirada en los ojos de Paris. No se amedrentó al ver su cara de odio.

JUANJO – ¿Tienes un momento?

PARIS – No estoy de humor para hablar con nadie. Y menos contigo.

Paris agarró la puerta y la empujó con fuerza, con la intención de cerrarla de un portazo. Juanjo metió el pie en el último momento y la puerta rebotó en él, abriéndose de nuevo. El banquero se aguantó el dolor como bien pudo. Paris se mostraba aún más irritado que antes. Juanjo tragó saliva, pero se mantuvo firme en su propósito.

PARIS – ¿Quieres hacer el favor de dejarme en paz, joder?

JUANJO – No hubiese venido si no fuera importante.

El dinamitero respiró hondo. Hubo unos segundos de silencio tenso.

JUANJO – Cambiarás de opinión cuando escuches lo que tengo que contarte. No te lo vas a creer.

El dinamitero se vio tentado a pegarle un empujón, tirarle al suelo en medio del rellano, y materializar el portazo que había quedado interrumpido, pero algo en la expresión de la cara de rata del banquero, a caballo entre la exaltación y le regocijo, le hizo replanteárselo. No estaba de humor, pero Juanjo había conseguido despertar su curiosidad. Hacía mucho tiempo que no hablaban; últimamente a duras penas le veía el escaso pelo. Decidió darle una oportunidad: al fin y al cabo, siempre estaría a tiempo de echarle a patadas.

Paris se hizo a un lado. Juanjo agradeció el gesto con un movimiento de cabeza y accedió al maloliente piso. El dinamitero cerró la puerta tras de sí una vez ambos se encontraron dentro.

comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Guillermo vs Paris??????

    Me cago en Juanjo!

    D-Rock.

  2. Fran dice:

    Pues yo creo que la reacción de París va a ser diferente de la que espera Juanjo… según la película que me estoy haciendo ahora mismo pensando en lo que vendrá.
    A ver como lo resuelve David

  3. Angela dice:

    Yo sabia que era Juanjo!!! espero que pronto le hagan tragarse su lengua🤬 o se la den a Nuria!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s