3×1162 – Hipoxia

Publicado: 08/09/2018 en Al otro lado de la vida

1162

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de enero de 2009

 

Uno a uno y en ocasiones en parejas, todos fueron abandonando el improvisado funeral, sin apenas mediar más que alguna que otra mirada gacha de asentimiento. Paris había sido el primero, dando así el pistoletazo de salida al resto de integrantes del cada vez menos numeroso grupo. En esos momentos Zoe abandonó la tumba de Morgan, con los ojos aún más rojos que de costumbre. Se fue de la mano de Ío, a pasar el luto en casa de la joven del pelo plateado, dejando a solas a Bárbara y a Carlos, entre la tumba del policía y la de Marion.

La profesora se vio tentada a acompañarlas, pero se le rompía el corazón al ver la expresión triste en el rostro del instalador de aires acondicionados. Apenas habían hablado desde que murió Héctor, y la reacción de Carlos había sido muy distinta a la que ella esperaba. Parecía muy tranquilo, pero ella le conocía ya lo suficiente para saber que la procesión iba por dentro, y que Carlos estaba destrozado por lo ocurrido. Bárbara conocía muy bien la historia de Beatriz, porque habían charlado al respecto en más de una ocasión tanto de ella como de Enrique. Sumar a su pérdida la de Marion no sería un trago fácil para él. Últimamente habían estado muy unidos.

Bárbara reparó en el reloj de oro que lucía el instalador de aires acondicionados en la muñeca y esbozó media sonrisa. Si tuviera ocasión de verle, desde donde quiera que estuviese, sin duda Marion estaría orgullosa de él. Sin embargo, esa misma sonrisa se desdibujó de su cara un instante después, tan pronto le vino a la memoria el embarazo de la hija del difunto presentador. Por un momento se vio tentada a explicárselo todo, pero enseguida concluyó que no sería una buena idea. Ese era un secreto que ella, al igual que Marion, también se llevaría a la tumba. Carlos ya había sufrido suficiente.

La profesora dio un paso en dirección a su amigo. Éste no levantó siquiera la mirada de aquél discreto montículo de tierra que él mismo había aplanado.

BÁRBARA – ¿Por qué no te vienes a comer con nosotros?

Carlos no respondió. Bárbara incluso dudó si la había escuchado. Tragó saliva y reemprendió su tentativa.

BÁRBARA – Se te va a venir la casa encima como te metas ahí dentro tú solo. Va, que yo te preparo algo rico.

Carlos aspiró aire y lo soltó en forma de suspiro. Se giró hacia ella y sus miradas se cruzaron. Bárbara intentó regalarle una sonrisa, pero ésta se quedó congelada en su rostro antes siquiera de materializarse. Ella tampoco estaba pasando por un buen momento. Le asió del hombro y le estrujó con delicadeza.

BÁRBARA – Hazme caso, hombre.

Carlos no respondió, pero cuando Bárbara comenzó a desfilar en dirección al taller mecánico, él la siguió. Ello hizo que la profesora se sintiera algo más tranquila. No quería que Carlos hiciera una tontería, y para evitarlo, lo mejor que podía hacer era mantenerle entretenido el mayor tiempo posible. Ambos caminaron en silencio, a un par de pasos de distancia. El barrio estaba sumido en un silencio tenso, muestra sin duda del estado de ánimo de sus habitantes. Tardarían mucho en recuperarse de ese duro golpe, aunque lamentablemente, siempre acababan haciéndolo más tarde o más temprano. Esa era la única manera de sobrevivir en ese nuevo mundo sin acabar abandonándose a la desidia.

Subieron las escaleras del bloque de pisos azul sin prisa. Bárbara no paraba de darle vueltas al modo cómo entablar una conversación con Carlos que no fuese artificial. Al llegar al ático, se quedó parada frente a la puerta del piso que compartía con Zoe, su hermano y su sobrino. La puerta estaba abierta de par en par, y eso le resultó extraño. Estaba rota y no encajaba bien, pues Héctor había reventado el mecanismo que la unía al marco, pero ella recordaba haberla dejado cerrada antes de irse al funeral. Sabía que Guillermo no estaba ahí, pues había acudido al centro de día con Abril y aún no había vuelto. Pensó que quizá su sobrino hubiera podido abrirla, pero enseguida lo descartó: Guille, a esas horas, siempre dormía como un tronco, si nadie se molestaba en despertarle. Aquél día hacía algo de viento, y quiso convencerse que quizá era debido a que su hermano pudiera haber dejado alguna ventana abierta. No sería la primera vez que se sucedían los portazos en el bloque. Entraron.

Su inicial recelo se convirtió en nerviosismo al escuchar un ruido extraño proveniente del pasillo de las habitaciones. Ella se adelantó, dejando a Carlos en el recibidor, y corrió hacia la fuente del mismo. No le hizo falta siquiera cruzar el umbral de la puerta para descubrir la fuente de aquél sonido. Lo que vio le resultó tan inverosímil y estúpido, que no alcanzaba a creer que fuera cierto.

Paris estaba en el dormitorio de Guille, arrodillado en el suelo, junto a su cama, que tenía las sábanas arrancadas de su sitio, medio caídas en el suelo. Estaba de espaldas a ella y pese a lo voluminoso de su cuerpo, Bárbara pudo ver sin dificultad cómo el dinamitero tenía agarrado al chaval por el cuello. Sus ojos, sin vida, habían adquirido un tono rojizo, fruto de la tensión y la falta de oxígeno. Su cabeza, en una posición antinatural, miraba hacia el techo. Resultaba evidente que había muerto hacía un buen rato, pero Paris seguía apretándole el débil cuello con todas sus fuerzas como si aún sirviera de algo. De no haber sido invierno, el dinamitero luciría en los brazos los arañazos que Guille, en su intento a la desesperada por librarse de su yugo, la había regalado.

Al escuchar la aspiración sorprendida de Bárbara, el dinamitero soltó finalmente al chico, que golpeó su espalda y su cabeza contra el duro suelo.

BÁRBARA – Pero… Pero… ¿¡Por qué!?

Paris se giró lentamente hacia ella, respirando agitadamente, con una gran vena palpitándole en el cuello, y una expresión de ira en el rostro como no se la había visto jamás. En ese momento llegó Carlos a la escena del crimen, y se llevó una mano a la boca al descubrir lo que ahí había ocurrido, igual de sorprendido que Bárbara de lo que veía.

comentarios
  1. Drock9999 dice:

    En una expresion muy Colombiana:
    David, tienes huevo!

    Jajajajaja, lo siento. Pero es que dejarnos en semejante escena……. La que se viene va a ser increible. Y de nuevo, mis disculpas, Lord Villahermosa.

    Pd: Aplausos a tu ingenio y forma de dejarnos con el culo torcido.

    D-Rock.

  2. Angela dice:

    ¡Gracias a Juanjo el instigador!!

    Excelente David! ahora a pensar quien será el próximo en pasar al otro lado…

  3. Carol dice:

    Uf!, como se suele decir, a este paso no va quedar “ni Dios”!. Otro giro que no me esperaba para nada….

  4. Betty dice:

    Madre mía! Esto no me lo esperaba…

  5. Angela dice:

    Gracias David por poner el segundo libro gratis en Amazon, aunque por el precio que tenia ya de por si era un regalo.
    Hace una semana volví a leer el segundo tomo, me encanto, nuevamente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s