3×1167 – Huido

Publicado: 13/11/2018 en Al otro lado de la vida

1167

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de enero de 2009

El sonido del disparo en una habitación tan pequeña resultó atronador. Una fina capa de un polvo blanco y marrón cayó sobre la calva de Paris al tiempo que éste se llevaba la mano a la oreja que había estado a punto de perder.

Carlos había golpeado a Bárbara en la muñeca justo a tiempo de evitar que su disparo acabase a sangre fría con la vida del dinamitero. Ahora él lucía tan enfadado como ellos. Agarró a la profesora del antebrazo, intentando evitar que volviese a disparar. Ella estaba más que dispuesta a hacerlo.

Paris les observaba a corta distancia, aún bastante aturdido por lo ocurrido. Su estado de enajenación transitoria, que le había llevado a acabar con la vida de Guille, se diluía a marchas forzadas. Cada vez era más consciente tanto de lo que había hecho como de las consecuencias que ello podía acarrear.

CARLOS – ¡¿Pero es que no ha muerto ya suficiente gente en este puto barrio?!

Bárbara y Carlos siguieron forcejeando un par de segundos más, pero finalmente Carlos consiguió arrebatarle la pistola. La profesora le miró con una expresión de odio similar a la que le había regalado a Paris hacía unos segundos. Lo que vino a continuación le dejó aún más perplejo.

La profesora apartó a Carlos de un empujón. Éste protegió la pistola con la mano opuesta, pensando que ella pretendía recuperarla. Sin embargo, Bárbara le ignoró y se abalanzó sobre Paris, que no se lo esperaba. Ambos cayeron aparatosamente al suelo y comenzaron a pelearse a puñetazos.

Él pesaba más que el doble que ella, pero eso no parecía importarle demasiado a la profesora. Bárbara estaba totalmente fuera de sí, y la única manera que encontró para volcar sus frustraciones fue descargando toda su ira contra aquél ser despreciable. Carlos no daba crédito a lo que veía. Pese a tener la pistola en la mano, se sentía el más desarmado de los tres.

CARLOS – ¿Pero qué coño hacéis? ¿¡Te has vuelto loca!?

Ninguno de los dos pareció siquiera haber oído al instalador de aires acondicionados. Ambos seguían peleando, incansables. Carlos no sabía qué hacer para separarlos y acabar con ese sinsentido. Enseguida se decantó la balanza, y Bárbara se encontró debajo de Paris, que comenzó a apretar su cuello, de idéntico modo que lo había hecho con el de su sobrino minutos antes. La cabeza de Bárbara comenzó a ponerse roja, debido a la falta de oxígeno. Sus ojos, desorbitados, miraban al techo. Carlos no pudo soportarlo más. Puso el índice en el gatillo de la pistola, apuntó al techo y disparó tres veces.

Otro buen puñado de fragmentos de cerámica, yeso y pintura cayó sobre los contendientes. Paris, que por un instante creyó que los disparos iban dirigidos a él, aflojó el funesto abrazo al cuello de Bárbara, dejando sus manos frente a la cara de la profesora. No por oportuna, la reacción de Bárbara fue menos consciente. Quería matarle por lo que había hecho, y disponía de un arma más certera incluso que la que Carlos sostenía entre sus temblorosos dedos. La profesora aprovechó el momento de confusión para brindarle al dinamitero un certero mordisco en la mano, entre el índice y el pulgar.

De no haber reaccionado apartando la mano, Bárbara habría seguido apretando con la mandíbula hasta arrancarle un buen pedazo de carne, tal como si fuera una infectada. En realidad lo era: ese era el motivo por el que había decidido vengar de ese modo la muerte de Guille.

Paris se asustó al notar el dolor en su mano, se incorporó, le dio una patada en el pecho a Bárbara y la estampó contra la mesa donde descansaba la destrozada radio. La profesora, con una sonrisa acentuada pon un hilillo de sangre que caía de la comisura de su labio, la sangre de Paris, siseó entre los dientes apretados.

BÁRBARA – Estás muerto.

El dinamitero gritó, totalmente fuera de sí. La quería muerta a toda costa. En esos momentos aún no era consciente del significado de ese mordisco. Se disponía a acabar lo que había empezado cuando la voz de Carlos le hizo frenar en seco.

CARLOS – ¡Un solo paso más y disparo! Te juro por Dios que no me lo pienso dos veces.

Le estaba apuntando con la pistola, cuyas balas parecían tener su nombre grabado. Paris se sintió acorralado. Sabía que en el barrio todo el mundo estaba armado, como las circunstancias exigían, y temía que lo matasen. Su instinto de supervivencia se impuso al de sus ansias de venganza y viró el rumbo, dirigiéndose a la puerta del dormitorio. Carlos, aún con la pistola en la mano, se apartó justo a tiempo de evitar la embestida del dinamitero.

BÁRBARA – No hace falta que huyas, hijo de puta. ¡Ya estás muerto!

Los pisotones del asustado Paris, que escapaba a toda prisa del ático, fueron diluyéndose en la distancia.

BÁRBARA – ¡¿Me escuchas?! ¡Ya estás muerto!

Tan pronto llegó al rellano se encontró de frente con Guillermo. Éste le brindó una mirada de incomprensión, a la que Paris respondió con una del más visceral odio. Le hubiese atacado ahí mismo de no haber visto cómo pendía aquella pistola de su mano.

GUILLERMO – ¿Qué ha pasado, Paris?

El dinamitero respiró hondo, tratando de contenerse. El investigador biomédico no le estaba apuntando con la pistola, de hecho ni siquiera sabía de qué iba todo eso, pero Paris estaba demasiado nervioso para pensar con claridad.

PARIS – Ya me encargaré de ti más tarde.

Guillermo frunció el entrecejo, sin entender nada, al tiempo que Paris proseguía su huída escalera abajo. Se encontró con Abril de frente. Ésta intentó hacerse a un lado, pero no fue lo suficientemente rápida. El dinamitero le dio un empujón, y ella cayó rodando escaleras abajo. Sin el menor reparo por el daño efectuado, Paris continuó su descenso atropellado, sin más idea la de que huir del bloque de pisos, huir del barrio, huir de la isla. Lamentablemente, no había lugar al que escapar. Bárbara estaba en lo cierto: sus horas estaban contadas.

comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Que venganza!

    D-Rock.

  2. Francisco dice:

    Espectacular!!!! Danos más, David!!

  3. El sábado sin falta. Ahora sólo queda la cremita. 🙂

    David.

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