3×1173 – Desidia

Publicado: 18/12/2018 en Al otro lado de la vida

1173

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

25 de enero de 2009

Carlos se apresuró tanto por bajar del baluarte que cayó rodando aparatosamente por la rampa de tierra. Sentía la necesidad de frenar a Paris cuanto antes, consciente que había perdido el poco juicio que le quedaba, y que podría hacer cualquier cosa. Se sintió extremadamente ridículo mientras caía y se lastimaba. El eco de la música empezaba a filtrarse débilmente a través del pitido que se había apoderado por completo de su sentido del oído tras la descomunal explosión.

Se torció un tobillo en el proceso, se magulló el lateral izquierdo de la cara y perdió el rifle mientras rodaba. Para entonces Paris ya había accedido al Jardín, y mantenía un corto aunque tenso duelo de miradas con Fernando. Cuando finalmente quedó inmóvil, en la parte inferior de la rampa, el instalador de aires acondicionados se levantó a toda prisa y notó un fuerte un pinchazo en el pie que le hizo apretar los dientes. Sintió un nudo en el estómago y unas irrefrenables ganas de llorar. El dinamitero había subido de nuevo a la furgoneta y ponía rumbo al extremo opuesto del Jardín, donde se encontraba Christian.

CARLOS – ¡Ven aquí si eres hombre, hijo de puta!

El dinamitero ni siquiera le oyó, aunque en su caso por un motivo bien distinto al suyo: él llevaba puestos tapones en las orejas, en previsión de los destrozos que pretendía seguir haciendo al barrio. Carlos miró en derredor hasta dar con su rifle, y subió cojeando una pequeña porción de rampa hasta que dio con él. En ese preciso momento una nueva explosión le hizo girar el cuello.

Vio la persiana del taller volando por los aires, y un buen puñado de ladrillos desperdigándose en todas direcciones. Utilizando el brazo de escudo se tapó la cara, pero por fortuna no le hubiera hecho siquiera falta. Carlos corrió como bien pudo, con su tobillo herido, en dirección al taller. Sabía a ciencia cierta que Fernando estaba dentro, y temía que la vil fechoría de Paris hubiese podido acabar con su vida.

Al quedar delante del agujero humeante donde antes se encontraba la persiana, se vio en la obligación de tomar una decisión. El derrumbe del edificio del centro de ocio y la posterior nube de polvo habían extinguido todo el fuego de la primera explosión, pero en el taller cundía el caos, y había fuego por todos lados. Nada le apetecía más que enfrentarse a Paris, pero algo dentro de sí le empujó en dirección opuesta. Si la vida del mecánico dependía de él, Carlos no estaba dispuesto a mirar hacia otro lado. Entró al humeante taller.

Carlos miró en derredor hasta dar con un extintor, y suplicó en voz alta que estuviese en buen estado. Se colgó el rifle al hombro, cogió el extintor y comenzó a rociar las bases de todos los fuegos que había ahí dentro, que no eran pocos. Entre el polvo en suspensión, el humo y la pulverización del extintor, Carlos se quedó sin otro de sus cinco sentidos. Por más que se esforzó, no fue capaz de dar con el mecánico, pero al menos consiguió lo que se proponía.

Con los ojos llorosos, pero satisfecho al comprobar que había podido extinguir por completo todo el fuego, y que por ende el barrio no sería pasto de las llamas, se internó algo más en el taller. Quería enfrentarse al dinamitero, pero antes quería saber si Fernando necesitaba su ayuda: de lo contrario no habría servido de nada todo ese tiempo que había perdido.

Se alegró al descubrir que, en efecto, Fernando estaba ahí. Lo encontró hecho un ovillo en la esquina opuesta a la de la persiana ahora ausente, con un corte en la frente del que no paraba de manar sangre. Le cogió de la mano, instándole a levantarse, y se sorprendió de lo ligero que era. Al disiparse un poco más la humarasca descubrió el motivo: el mecánico tan solo tenía ese brazo .También había perdido las extremidades inferiores y gran parte del estómago y el tórax, en un intento desesperado por evitar la explosión. Estaba muerto. Definitivamente muerto.

El instalador de aires acondicionados lo soltó, consciente que ya nada podría hacerse por él, y se giró, dispuesto a desandar sus pasos y, ahora sí, matar a Paris. Aquél gordo desequilibrado había matado a sangre fría a Fernando, amén de echado por tierra todo el esfuerzo por hacer del barrio un lugar seguro. Un lugar seguro en el que vivían niños que no tenían ninguna culpa de su enemistad con la familia Vidal: ya no podía seguir pasándolo por alto.

Al girarse se encontró de frente con una mujer de avanzada edad, con el pelo muy grasiento y cano recogido en un moño medio deshecho. Resultaba complicado verla entre todo aquél humo. Para entonces Carlos estaba literalmente llorando, aquejado de un escozor muy molesto en los ojos y un picor desagradable en la garganta.

El instalador de aires acondicionados tragó saliva, al ver, incluso con todo aquél polvo, los ojos inyectados en sangre de la infectada. Ésta no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre él, haciéndole caer de espaldas y perder nuevamente el rifle.

El forcejeo comenzó genuinamente bien. Aquella anciana era muy delgada, y a Carlos aún le quedaban bastantes fuerzas. Sin embargo, cuando otros seis infectados entraron al taller y se unieron a la fiesta, todo cambió drásticamente. Por fortuna, al menos para él, dos de ellos repararon en Fernando y comenzaron a comérselo ahí mismo, arrodillados junto a él, pero el resto se unieron a la septuagenaria. Carlos fue incapaz de evitar que le mordiesen y le arañasen. Le costaba incluso respirar, pues uno de ellos, uno especialmente pesado, había hundido la rodilla en su pecho.

Consciente que había llegado su hora, Carlos tuvo una visión fugaz de su vida, desde su triste infancia hasta su aún más triste declive. En esos momentos no fue capaz de rememorar siquiera un solo momento feliz. Había tragado mucho humo y estaba cada vez más mareado: era consciente que no tardaría en perder el conocimiento, y que jamás despertaría de ese sueño. Gritó insultándoles, mientras los infectados hundían sus dientes en sus extremidades, mordiendo más tela que carne, pero dejándole de recuerdo algún que otro mordisco bien profundo en los dedos, la muñeca y la cara.

Creyó ver a Marion entre el humo, y sonrió. Al fin podría reencontrarse con ella. Marion llevaba una pistola en cada mano y disparó con ambas, con bastante buena puntería, a la cabeza de los infectados que tenía a su alrededor. Disparó una, dos, tres, y hasta veinte veces, hasta que todos y cada uno de ellos estuvieron muertos. Carlos notó el peso muerto del cuerpo del infectado que tenía sobre sí, e hizo uso de sus últimas fuerzas para quitárselo de encima.

Marion corrió hacia él y le ofreció su mano para que se levantase. Pero no era Marion. Era Bárbara. Carlos empezó a llorar. La profesora le levantó, se lo echó al hombro, mostrando una fuerza poco acorde a su escaso peso y su baja forma física, y se lo llevó de ahí, hacia la seguridad que aún ofrecía el edificio azul. Zoe e Ío, fuertemente armadas, abrieron la puerta del portal para dejarles paso, y ambos consiguieron hacerlo a tiempo, antes que los demás infectados que habían accedido al Jardín reparasen en ellos.

La niña de la cinta violeta se encargó de atrancar a conciencia la puerta mientras Ío y Bárbara llevaban al instalador de aires acondicionados escaleras arriba, al mismo tiempo que una docena de infectados, no muy lejos de ahí, destruían el estómago de Paris y comenzaban a alimentarse de lo que había dentro.

comentarios
  1. Ma. Del Rosario Verdayes G. dice:

    David: muchas gracias. Carlos no esta vacunado….o si? y al traidor de Juanjo cuando le tocara el turno? lo van a descubrir en todas sus maldades?y Nuria? su bebe? como sera? ese nino sera parte importante para el grupo de sobrevivientes?tengo muchas preguntas!!!. muchas gracias. Cuanta intensidad

    • La respuesta a todas estas preguntas la obtendrás. Algunas muy pronto, en este mismo arco argumental, otras más adelante, concretamente en el siguiente, y otras en la recta final del libro, pero ninguna quedará en incógnita.
      Gracias a vosotros por seguir fieles después de tanto tiempo. 🙂

      David.

  2. lectoranonimo dice:

    Hola David!

    Luego de más de 1500 páginas del tomo II llenas de nostalgia y muchas otras emociones, he logrado ponerme al día con todo lo que recordaba. Había llegado hasta la primera mención de Juanjo, cuando los encuentran Marion Barbara y Carlos, por eso no le recordaba especialmente. Quizá llegase a leer los primeros capítulos del flashback de Barbara que acaba en Mávet (“Reason of Death” en hebreo según wiki dictionary… Ahora que lo pienso en una versión física de la novela podrías incluir un pequeño glosario con el significado de cada ciudad o barrio, no se que opinas. Es entretenido descifrar el significado de la ciudad, sobretodo tras haber leído lo que ocurre allí y ver que todo cuadra.)

    Desde ahora, todo lo que me queda de los tomos II y III es nuevo para mi, empezando por la historia de Juanjo y compañía. No he podido evitar, sin embargo, leer estos últimos dos episodios, y probablemente no me quede tranquilo hasta terminar el arco, inmune ya a los spoilers, o tan indefenso ante ellos como Carlos ante los infectados del instituto 😦 .

    No te imaginas mis especulaciones para atar cabos de lo que ha pasado en estos dos meses en la isla, sobretodo la mención de algunos personajes 🤔, pero solo saldré de dudas cuando por fin logre ponerme al día. He empezado con calma, pero a medida que avanzaba iba devorando más y más páginas, de manera análoga a como la epidemia devoró el mundo. Ahora intentaré recuperar un ritmo apaciguado para tener más que leer por más tiempo, y con un poco de suerte no esperar tanto para el desenlace (bastante hype jaja)

    Saludos!

    • Confío estés disfrutándolo a tope, como la primera vez. Me han mencionado más de una vez que las relecturas son incluso más interesantes, porque permiten fijarse en detalles que pasan por alto en la primera toma de contacto, y te garantizo que hay muchos, no hay nada al azar. xD
      Lo de las palabrejas en hebreo lo he visto siempre como un bonus track para los lectores más curiosos. Al igual que los “títulos” de los capítulos individuales, que no aparecerán en el libro ni fisico ni digital, eso lo dejo más como anécdota. Aunque tienes razón, todos están escogidos con mucha mala leche, y algunos tienen hasta spoiler. xD
      La recta final del segundo tomo y todo lo escrito hasta el momento del tercero, que no es precisamente poco. Espero que te dure bastante y puedas gozarlo como es debido. Me imagino cómo debe de funcionar tu cabeza para tratar de encontrar la lógica a lo que has leído hasta el momento en coalición con el retazo de spoiler que has leído de lo que pasa ahora al final del tercer tomo (y ojo que has ido a escoger los capítulos más intensos y cargados de chicha de los últimos arcos), y ciertamente parece un reto divertido. Me imagino que la mención a… ciertos personajes debe resultarte chocante. Yo he ido desgranando la aparición a traición de alguno que otro, en el momento clave, para dejar a todos con el culo torcido, pero saber que aparecen sin saber ni cómo ni cuándo… ojito también. xD
      Yo seguiré trabajando duro, que tengo muchísimas ganas de acabar con este trabajo titánico en el que llevo inmerso desde hace más de diez años, y muchas ganas también de empezar la nueva novela.
      Gracias por seguir al pie del cañón al otro lado, espero que disfrutes mucho lo que aún te queda por leer.

      David.

      • lectoranonimo dice:

        En efecto, la relectura ha sido una gozada, fijándome en infinidad de detalles que la primera vez uno pasa por alto, pero que terminan siendo claves mucho después.

        Por ejemplo, me llamó la atención cuando los bomberos salvan (o lo intentan) a Barbara y compañía en uno de los flashbacks. Podría haber sido muy buena idea apostar un camión de bomberos en Bayit, con el tanque repleto de agua (imagino que podría ser agua de mar) como una defensa extra, a pesar de que las balas son más efectivas. También, teniendo en cuenta cómo terminó el hotel, y el piso de Lucia, podría evitar accidentes usado a tiempo. Aunque por lo poco que se, quizá alguno de los supervivientes ya pensó en ello. Ignoro si las bocas de incendio seguirían funcionando tras el Apocalipsis, pero lo dudo, así que probablemente sería solo una carta desesperada, pero seguro que Carlos lo habría pasado mejor con una manguera en la mano en vez de un extintor 😦 .

        Saludos!

        • Ya lo hago con esa idea. Soy el único que tiene toda la información desde el minuto cero, hagamos que sea lo más divertido posible. Quienes van pillando las cosas de vez en cuando antes de que ocurran, todavía lo disfrutan más, y la relectura es un bombardeo importante. Jamás contemplé la idea de incorporar un camión de bomberos, ni hacer a los personajes reflexionar al respecto. Es tan acuciante el problema del agua potable, que todo lo demás a ese respecto parece que pasa por alto, aunque como bien mencionas, les hubiera venido de perlas en más de una ocasión.

          David.

  3. Angela dice:

    Gracias David, he disfrutado estos últimos capítulos como no te imaginas, tremendo desastre a causado Paris.

    • Me alegra saber que así es, Ángela. 😀 Pero… ya te digo que aún quedan muchas sorpresas. La magia de que sea ya la recta final, es que todo lo que he ido plantando poco a poco a lo largo de los libros se resuelve y explota en estas últimas páginas: Morgan, Héctor, los amigos del instituto de Paris… ¡y muchas cosas más que están por venir!

      David.

  4. Angela dice:

    Gracias David, queda poco para saber por fin porque Barbara estaba en un ataúd.
    Excelente desenlace de Paris!!

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