3×1175 – Tumbas

Publicado: 25/12/2018 en Al otro lado de la vida

1175

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

27 de enero de 2009

 

Tres nuevas tumbas. Una grande, una mediana y una pequeña. Mucho el dolor de los que velaban a los muertos, con ojos en la nuca por si algún otro infectado decidía acercarse al barrio. El cielo también estaba del luto, en consonancia con el ánimo de los supervivientes, amenazando lluvia. El Jardín ya no era un lugar seguro, y no volvería a serlo hasta que reconstruyeran cuanto Paris había destruido.

Todos habían acudido al sepelio, pese al peligro que éste entrañaba ahora que las murallas no les protegían del exterior. Todos a excepción de Juanjo, que no se había dignado a mover un solo músculo por librar al barrio de los infectados, incluso viéndolos pasear impunemente por la calle larga desde detrás de las ventanas de su nueva casa. El banquero estaba extremadamente furioso con Paris por lo que había hecho, y más convencido que nunca que no podía confiar en nadie para conseguir lo que se proponía. Héctor y Paris le habían dado la mejor lección a ese respecto. Pero él ya tenía en mente su siguiente plan.

Paris no se encontraba entre los homenajeados, y no porque los supervivientes hubieran decidido que no lo merecía, que hubiera sido el caso sin lugar a dudas llegado el momento, sino porque a duras penas quedó nada reconocible de él después que los infectados se dieran semejante festín con su cadáver. Los pedazos desmembrados de su cuerpo que los infectados no habían tenido tiempo de comerse antes que les matasen, yacían ahora entre las cenizas de la descomunal pira funeraria que habían preparado en medio del Jardín para deshacerse de los cadáveres de cuantos infectados había traído consigo el dinamitero en su regreso kamikaze.

Librar al barrio de los infectados había sido un trabajo duro, lento y farragoso. No paraban de acudir, incluso horas después que la música hubiese cesado, quizá atraídos por el ruido de los disparos que acababan con la vida de sus congéneres, quizá sencillamente porque Paris les había despertado, obligándoles a cambiar sus rutinas y explorar nuevas zonas de la isla. En el fondo, el dinamitero les había hecho un pequeño favor después de todo: la isla jamás había sido más segura que en ese momento, con del orden de trescientos infectados menos de los que preocuparse jamás.

Bárbara tenía el corazón dividido entre Carlos y su sobrino. Ella misma se había encargado de darle el adiós definitivo, siguiendo las indicaciones del propio instalador de aires acondicionados. Éste enfermó, como todos sospechaban que ocurriría, y mucho más rápido de lo que ninguno de ellos hubiese podido prever. Ella estuvo a su lado prácticamente en todo momento, cosa que Guillermo no llegó a entender dadas las circunstancias. Se sentía en deuda con él, y ella misma, la tarde de la jornada anterior, sola, disparó a su sien tan pronto éste exhaló su último aliento de vida, antes de convertirse en una de aquellas bestias. La suya era la tumba grande.

Christian no podía parar de mirar el mural que él mismo había dibujado, en el que se encontraba Fernando. Lo dibujó en un momento en el que creyó que el mecánico estaba muerto, sin estarlo realmente. Ahora sí lo estaba. Él mismo se había encargado de enterrar lo que quedaba de su cuerpo, no mucho tras la explosión del taller y el posterior ataque de los infectados. Había cavado la tumba él solo, con la ayuda de Maya, que hacía guardia junto a él, pistola en mano, la mañana de la jornada anterior. La suya era la tumba mediana.

Guillermo no había comido nada desde la muerte de Guille, y apenas había mediado palabra con nadie. Bárbara estaba francamente preocupada por él: jamás le había visto tan afectado, huraño y cabizbajo, ni siquiera tras la muerte de su padre ni de la de su madre. La seguridad del niño y el empeño por encontrarla a ella en aquél mundo devastado habían sido los únicos motivos que habían mantenido al investigador biomédico en pie de guerra. Ahora Guille ya no estaba con ellos más que en cuerpo, y Bárbara estaba más preocupada por su estado que por encontrarse en mitad del Jardín a merced de los infectados. La suya era la tumba pequeña.

Cuando empezó a chispear, Carla se llevó a Josete de vuelta al edificio azul. Darío les siguió. Resultaba en cierto modo irónico: parecía que la naturaleza se hubiese apiadado de ellos y les brindase la oportunidad de honrar a los muertos sin temer por sus vidas, pues los infectados detestaban la lluvia. Nadie había abierto la boca por homenajear a los recién caídos: nadie fue capaz de encontrar las palabras adecuadas. Todos, en cierto modo, estaban tan tristes como asustados, preguntándose cuál de los presentes sería el siguiente en ocupar un hueco junto a Marion, junto a Morgan, o junto a cualquiera de los bebés.

Uno a uno todos fueron abandonando lo que cada vez se parecía más a un camposanto, a medida que la lluvia fue haciéndose cada vez más intensa. Todos menos los hermanos Vidal, que permanecieron hombro con hombro frente a la tumba del pequeño Guille. Se apiadaron de ellos no obstante, conscientes que no era lo mismo perder a un amigo, por bueno que fuera, que perder a un hijo.

Ninguno entendió muy bien qué había podido pasar por la cabeza de Paris para decidir acabar con la vida del niño, pero nadie osó preguntarle directamente a Bárbara o a Guillermo. Quienes conocían el motivo estaban muertos, y se habían llevado el secreto con ellos a la tumba. Eso era algo que atormentaba muy gravemente a Bárbara. Ella era cada vez más consciente que todo eso había ocurrido por su afán por mantener ese maldito secreto oculto, y cada vez le quemaba más dentro.

BÁRBARA – Vamos, que nos estamos empapando.

El investigador biomédico levantó el mentón, y giró la cara empapada en agua de lluvia hacia su hermana. La tristeza reflejada en sus ojos hizo que Bárbara sintiese un pinchazo en el costado. Le asió la mano, y le llevó consigo de vuelta a la relativa seguridad que brindaba el edificio azul, pasando a través del destrozado taller mecánico.

comentarios
  1. Carlos dice:

    Buenos días, y feliz navidad a todo el grupo. Es la primera vez que escribo, pues acabo de ponerme al día con la tercera parte hoy mismo. Tuve la suerte de dar con AOLDLV hace un par de meses por Amazon, y he devorado los tres libros en este tiempo.
    Enhorabuena, David, por tu magnífico trabajo. Soy un gran aficionado a la lectura, y te puedo asegurar que pocos libros me han enganchado tanto como el tuyo.
    Ahora que todas las piezas empiezan a encajar por fin, no puedo evitar preguntarme si ya no vamos a necesitar a Nuria para poder conocer al hijo de una persona infectada… es que este virus lo cura casi todo 😉.
    La obra en su conjunto, está escrita con una pulcritud en los detalles digna de elogio, sin dejar nada al azar… lo único que me “chirría” un poco, es el hecho de que para volverte un “zombie” tienes que estar previamente vacunado con una dosis de REGENER, ya que en caso contrario, lo que te pasa es que obtienes casi superpoderes (Bárbara, Maya o Fernando son muestra de ello), pero en cambio el pobre ratoncillo de laboratorio de cuya sangre se valió Guillermo para liarla parda años después, se volvió zombie sin dosis previa de REGENER, que no se descubrió hasta años después.
    Hoy mismo procederé a valorar tu obra en Amazon, pues obtuve los dos primeros libros a través de dicha plataforma.
    Un fuerte abrazo para todos y lo dicho, muchísimas gracias por tu fantástico trabajo, David.
    Carlos.

    • ¡Saludos cordiales, Carlos, y bienvenido al otro lado! 😀
      No deja de ser curioso que hayas llegado aquí justo en el momento en el que le damos la despedida a tu tocayo. xD
      No tengo palabras para agradecer las tuyas. Aún recuerdo cuando empecé a escribir por puro amor a la literatura, con mucha ilusión por hacer la obra que llevaba años en mi cabeza y quería plasmar en “papel”, sin mayor pretensión que pasármelo lo mejor posible, y con la idea que como mucho, la leerían algunos familiares y amigos. Qué lejos queda eso, y cuánta gente maravillosa he conocido por el camino. Me alegra saber que has disfrutado de la lectura (y lo que te queda). Siempre he dicho que escribo el libro que siempre hubiese querido leer, una especie de entelequia que con el tiempo se ha acabado volviendo realidad. Saber que vosotros también podéis sentir eso, es una gozada. Yo no puedo sorprenderme ni cagarme en mis muertos con los giros y las sorpresas que voy dejando por la novela, y me encanta saber que vosotros sí lo disfrutáis de ese modo. Siempre me sorprende cuando me decís lo poco que habéis tardado en leer los libros, pese a lo obscenamente largos que son, y ello me hace todavía más ilusión, porque si significa que os han enganchado y necesitabais seguir leyendo más y más… he conseguido literalmente lo que me proponía. xD
      También veo que eres un lector muy atento a los detalles, y que, como la ciencia, vas un paso por delante. Me encanta saber que hay tantos lectores como maneras de disfrutar la novela. Los que se sorprenden y los que elucubran, los que aciertan y se alegran o los que fallan y disfrutan de algo que no se habían esperado para nada. Siempre juego a ir dejando pistas y enlaces para que todo encaje a medio o largo (o muy muy muy largo) plazo, y me encantaría poder estar en vuestra piel para leerla con la mente virgen sin saber qué esperar de ella. Pero me encanta saber que sí os puedo ofrecer eso a vosotros.
      Un millón de gracias por darle una oportunidad a la novela. Es la primera obra que publico, pese a que no es la primera que escribo, y saber que hay lectores valientes que están dispuestos a darle la oportunidad a un autor autopublicado que no tiene editorial detrás es MUY de agradecer.
      El tema de Mordisquitos es algo delicado, aunque no puedo menos que estar de acuerdo contigo. Quería un libro de infectados, pero al mismo tiempo quería ser yo quien marcase las reglas del juego, teniendo un comodín tanto para poder salvar a ciertos personajes, basándome en una premisa mencionada ya en los primeros albores de la novela, no como idea feliz, y al mismo tiempo explicar con todo lujo de detalles y una trama enlazada con la troncal de manera muy fuerte, el origen de la pandemia. Es algo que siempre he echado de menos en prácticamente todas las expresiones artísticas de este género, y no quería ser uno más que lo expusiera como una idea feliz sin explicación. Que la infección en sí misma es totalmente inofensiva y lo que provoca el drama sea la vacuna en sí, en combinación, lo tenía claro desde el minuto cero. Que el culpable de todo fuera Mordisquitos también. Enlazar ambos factores con ese salto temporal… era algo que me pidió la propia novela. Bien es cierto que no afecta de igual modo la cepa original del virus a un roedor que a una persona. Cuando para el uno es letal y fatal, para el otro es una panacea milagrosa. Jugué la carta del salto de fe al imponer que dependiendo de la especie funcionara de un modo u otro en pro de lo que ello aportaría al conjunto, aún consciente que era un poco un “esto créetelo y sigue leyendo, que aún que te chirríe valdrá la pena”. Necesitaba un motivo para que José descartase esa investigación, y si el virus de Mordisquitos le hubiera resucitado al 100% de salud, no lo hubiera hecho jamás, Ana se habría curado de su enfermedad y jamás hubiera existido la pandemia. XD
      Agradezco muchísimo tus excelentes valoraciones en Amazon. Te garantizo que es el mejor regalo de Navidad que podrías haberme hecho. Como autor independiente esas reseñas son todo lo que tengo para dar prestigio a la novela e invitar a lectores curiosos a que se animen a darle una oportunidad. Eres grande. 😀
      Gracias por todo, Carlos.

      David.

  2. Carlos dice:

    Sobre mordisquitos, por supuesto que di ya en su momento el salto de fe y admití pulpo como animal de compañía 😄. Te lo comentaba, solamente, porque es el único cabo semi-suelto que he sido capaz de encontrar en todo lo largo de la narración.
    Espero que mis comentarios en Amazon ayuden a tu novela, pero cuando el trabajo es de calidad, lo que funciona y muy bien además es el boca a boca. Por mi parte, pienso recomendar su lectura a todos mis amigos, e imagino que con el resto de personas de la comunidad AOLDLV pasará exactamente igual.
    Leo en todos los formatos, pero sigo siendo fiel al papel. Si un día imprimes la trilogía, yo la quiero en mi biblioteca. Mientras tanto, ya están los dos primeros en la digital.
    Ahora estoy en readaptación. He pasado de viajar en Concorde (leía montones de páginas al día, hasta que me llamaban la atención y me obligaban a dejarlo) a tener que esperar pacientemente que lleguen los martes y los sábados Xd. Y encima, cuando la cosa está más emocionante.
    Si que es curioso que me haya puesto al día justo con la muerte de Carlos. Yo también lo pensé. Su muerte y la de Fernando (ahora que lo habíamos recuperado) me han llegado hondo.
    A ver que tiene Juanjo en mente. Al final ha resultado ser el malo malísimo de la novela, y es que la maldad no está reñida con la falta de fortaleza o de forma física. Espero que al igual que Hector o Paris, acabe recibiendo su merecido, y que en el proceso no se lleve a muchos de los buenos por delante, que ya nos van quedando pocos .
    Un saludo, y ya te digo que tienes un lector para siempre. Deseando leer AOLDLR y AOLDLM.
    Carlos.

    • Haces muy bien mencionándolo. A veces me gusta enfatizar que soy consciente de esas cosas y por deferencia al lector le ofrezco una bandera blanca, y una pequeña mención de la reflexión de Guillermo en ese capítulo 14 que dijera “Le detestó por ello, porque no era la primera vez que descartaba una vía de investigación antes incluso de llegar a la fase de aplicación con humanos, aún consciente que más de una vez se había demostrado que los resultados no eran idénticos en las dos especies, ya fuera para bien o para mal” podría resultar mucho más elegante que venderlo como pulpo… De hecho creo que lo voy a plantear para la próxima revisión del primer tomo. ¿Tú qué opinas?
      No eres el primero que invita a su círculo a leer la novela, después de haberla disfrutado, e insisto en mi más absoluto agradecimiento a ese respecto. Compartir horas de un placer tan inocente y sano me parece genial, aunque verdad sea dicha, supongo que resultaría mucho más sano físicamente hacerlo en formato físico, siempre y cuando se editasen los tomos de la trilogía en varios libros separados, sino iría a la cárcel por romper las muñecas a todos mis futuros lectores. XD Llevo tiempo dándole vueltas al respecto, y ahora que estoy acabando la trilogía, quiero intentar probar suerte ofreciendo la obra a editoriales que potencialmente lo puedan editar en papel. Es la evolución lógica a tanto trabajo a las espaldas, y mentiría si dijera que no me haría infinita ilusión verlo editado, y poder firmaros ejemplares a los que queráis una copia física. Yo… está feo que lo diga, cuando ofrezco mis libros sólo en formato digital, pero soy de la vieja escuela, y hasta el momento sólo he leído libros físicos, y estoy enamorado de la minibiblioteca que tengo en el estudio de mi piso. XD
      Para bien o para mal, tan solo quedan dos arcos argumentales para la finalización de la novela. De hecho, creo que en volumen de páginas, quedan más flashbacks e interludios para acabar de atar cabos y encajarlo todo al milímetro, que trama troncal en sí. Todo deriva a un punto que pronto veréis, y en adelante la novela acabará… Lo que también tengo mucha curiosidad es si os gustará o no el final. Creo que no es lo que esperáis o queréis, pero es algo que tenía claro antes incluso de empezar a escribir, y todo deriva hacia ese punto… Ya veremos.
      Juanjo… es uno de los personajes más discretos pero con más carga dramática de la novela. Nació… en un momento raro. No era un personaje previsto en un principio en la novela (ni él ni Carla, Darío ni Josete). En mi concepción original, Guillermo llegaba a la isla al final del segundo tomo en un barco enorme atestado de gente, sin siquiera idea que Bárbara estuviese ahí, y Bayit se transformaba en una fortaleza hasta arriba de gente de toda índole. Nunca me acabó de convencer la idea de meter tantos personajes nuevos sin tratarlos con la misma deferencia que al resto (pero si me paso lo menos 50 páginas explicando el background de cada uno nuevo que entra en juego), y le di vueltas durante muchos años, hasta que me inventé a Samuel para poder hacerle llegar igualmente a la isla pero de un modo mucho más fluido y no tan abrupto, generando un encaje mucho más sano y acorde con el resto del ritmo de la novela, que derivase en el cliffhanger del final del segundo tomo sin que nadie pudiera decir “venga, si, ¿y qué más? vete a la mierda”. La llegada en barco de Guillermo a la isla se transformó en Bárbara yendo a buscarle y para ello necesitaba que supiese ir en barco, y entonces apareció Darío, su nieta y Josete, (y los pobres bebés). Una persona con demencia senil que se cura era algo que también tenía en mente desde el principio, y entonces todo encajó, y me encantó esa manera de cerrarlo para que todo fluyera. Que Bárbara mordiese a Paris después de propiciar que él mismo se vacunase, y que llegase a la conclusión que ella le había infectado cuando era inmune, y que en consecuencia volviese con la dinamita a destruir el barrio y llevarse por delante a todos, del mismo modo que el hecho que Héctor estuviese agazapado en las sombras para volver e intentar matarlos a todos, también era una idea original desde el minuto cero. Pero me parecía todo muy fortuito y… entonces apareció la figura de Juanjo. Cuando estaba perfilando la trama de Carla y Darío, lo vi muy claro. Si había un hilo conductor que propiciase el drama tanto de Paris como de Héctor y que sobreviviera a ambos, con el juego que eso me ofrece tras la muerte de Carlos y Fernando (no voy a hacer spoilers xD), lo que ganaba era mucho, y la compacidad de la novela encajaba mucho mejor incluso, y entonces decidí que así tendría que ser. Juanjo aún tiene recorrido en la novela, y creo que no dejará a nadie indiferente.
      También veo que has estado bien atento a los comentarios que hay por aquí (o quizá a los enlaces de “Próximamente” del blog). Yo estoy que no quepo en mi de ansia por empezar a escribir AOLDLR, y al mismo tiempo trabajando también en el brainstorming de AOLDLM. Espero que ambas, y muchas más, vean la luz con el tiempo. Escribir es MUY diverido. xD

      David.

      • Carlos dice:

        Buenas tardes, David.
        No pienso comer más en una semana por lo menos 😅 Vaya tela con la Navidad.
        Con ese añadido en la reflexión de Guillermo, dejas al pulpo fuera de juego.
        Juanjo, para tratarse de un personaje no previsto, si te descuidas desbanca a Barbara y Zoe… tela la que ha liado el amigo por la puerta de atrás y sin dar la cara. Esos son los peores malvados, los que no te vienen de frente.
        Deseando ver como acaba la novela, ya te anticipo que termine como termine no me defraudará. Con las muertes de Fernando y Carlos ya me has dejado el culo torcido para siempre XD.
        Carlos.

        • Este año habrá que empezar con la operación bikini más pronto. xD Empalmar nochebuena con la Navidad, y mañana también celebrar San Esteban,a aquí en Cataluña… voy a acabar como Paris. xD
          No se hable más. He encontrado el momento preciso para encajar esa pequeña mención para que Mordisquitos no chirríe tanto. No cuesta nada, y todo lo que vuelva más compacta y seria la novela, siempre será bienvenido. Gracias por inspirarme a ello.
          Juanjo, pese a no ser previsto en la concepción original, se ha vuelto uno de mis personajes clave, y estoy contento de haberle incluido.
          Siempre me ha resultado llamativo que el segundo tomo, el más largo de los tres con diferencia, sea el que menos muertes de personajes troncales tiene. Incluso el primero con Arturo, Salvador y “Morgan”, tiene lo suyo. No sé cuál es la sensación que tenéis ahora, con tantas muertes consecutivas, pero sí os puedo adelantar que no es un “para lo que me queda en el convento me cago dentro”. Todo lo que ocurre está supeditado a un plan global y tiene que ocurrir y tiene que ser en ese orden, no hay nada gratuito. Del mismo modo, también adelanto que el final NO va a ser la muerte del último personaje, y no me voy a pasar el resto de páginas matándolos uno a uno. No me parecería ni serio ni digno de una novela tan larga y con tanto interés por construir personajes.
          Y dicho eso… me voy a poner a escribir, que el sábado supongo que querréis una nueva dosis. 🙂

          David.

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