3×1184 -Puerto

Publicado: 19/02/2019 en Al otro lado de la vida

1184

 

Puerto deportivo de Bejor

7 de octubre de 2008

Guillermo había detenido el coche prácticamente al final del paseo de las palmeras que debía llevarles a la escuela de náutica. De haber continuado unos metros más adelante, el coche y sus ocupantes hubiera sido pasto de los peces.

De camino al puerto, tras abandonar el polígono comercial, habían visto un enorme cartel que anunciaba un centro de refugiados relativamente cercano. Pese a que hasta entonces los hermanos no habían parado de hablar, tan pronto todos pudieron ver con claridad el cartel, el silencio se apoderó del interior del coche. Todos habían tenido al menos una experiencia traumática en uno de esos centros, y nadie abrió la boca para sugerir ir ahí a pasar la noche, por más que la idea revoloteó por sus cabezas.

Tras descubrir que el puerto deportivo carecía de barco alguno, concluyeron que no era el momento de seguir buscando a ciegas a la hermana del investigador biomédico: era demasiado tarde, y pronto sería noche cerrada. Tan pronto vieron aquél viejo y monolítico edificio azul y blanco en el extremo oriental del puerto, de algún modo supieron que sería ahí donde pasarían la noche.

La escuela de náutica se encontraba en el mismo puerto, junto a una larga playa de arena blanca, en una minúscula península natural a la que se llegaba por aquél corto paseo con palmeras a ambos lados. La robusta puerta de madera estaba abierta de par en par, invitándoles a entrar. El estrecho paseo que llevaba a la península, que en tiempos había sido un pequeño islote, estaba en muy mal estado. Faltaba una porción de unos cuatro metros, que les impediría acceder tanto en coche como a pie. Por su estado resultaba evidente que alguien lo había volado por los aires para proteger el edificio de los infectados. Tan cerca y a la vez tan lejos.

Pese a la presencia cada vez más opresiva de la oscuridad, no vieron ningún tipo de luz ni actividad en la escuela. Ello podría de igual modo traducirse en buenas o en malas noticias. Gustavo salió del coche, cuyos faros apuntaban a la puerta abierta de la escuela. Su hermana le imitó. Guillermo se les quedó mirando. Necesitaba acceder a ese edificio cuanto antes, pero dudaba mucho que Guille, en su estado, le fuera a poner las cosas fáciles para cruzar al otro extremo del paseo.

OLGA – ¿Dónde vas?

GUSTAVO – ¿No vamos ahí?

Su hermana observó la silueta del edificio que señalaba recortada por la luz del ocaso. Olga le dio la espalda y se dirigió hacia el investigador biomédico.

OLGA – ¿Tu qué opinas?

GUILLERMO – El niño no sabe nadar. Creo que será mejor que demos media vuelta.

Olga negó con la cabeza, bastante segura de sí misma, lo cual molestó bastante a Guillermo.

OLGA – Es demasiado tarde. Para cuando queramos darnos cuenta, las calles estarán infestadas. No tenemos mucha más alternativa. Podríamos… Podríamos intentar entrar a algún edificio o un local de ahí del paseo, pero… Esto parece mucho más seguro, ¿no te parece?

Guillermo frunció el ceño. Por más que le reventase, la chica tenía razón, pero aún así él no las tenía todas consigo.

OLGA – Le podemos ayudar entre los tres a…

El investigador biomédico se ladeó para mirar más allá de Olga.

GUILLERMO – ¡¿Dónde va tu hermano?!

La joven de los pendientes de perla se dio media vuelta, a tiempo de ver al joven arquero metido en el agua hasta el cuello, a mitad de camino del agujero en el paseo. Tenía uno de los arcos y un carcaj lleno de flechas en volandas, evitando que el agua del mar lo mojase. Se giró hacia ellos, sonriendo.

GUSTAVO – ¡Hago pie! ¡Venid!

Guillermo resopló. Cada vez se arrepentía más de haber accedido a traer consigo a los hermanos. Él también salió del coche, sintiéndose entre la espada y la pared. Echó un vistazo a Guille, que seguía inmóvil en su asiento, con el cinturón puesto. Se le formó un nudo en la garganta.

OLGA – Va, dile al niño que venga, y… le ayudamos a pasar entre todos. Luego sólo tenemos que secarnos, y… mañana, cuando sea de día, ya veremos qué hacemos.

Gustavo ya había accedido a la escuela. Ahí todo parecía en regla. Lo primero que vio nada más entrar fue una enorme tabla apoyada en el mostrador de recepción. Tenía unos gruesos nervios que daban rigidez en la dirección longitudinal unidos con una cantidad a todas luces excesiva de perfiles metálicos. No le costó mucho atar cabos. Cogió la pesada tabla y tiró de ella en dirección a la puerta por la que había entrado. Pesaba tanto que no pudo levantarla, tan solo arrastrarla.

Su hermana ya se había sumergido hasta las rodillas en la gélida agua del Mediterráneo cuando él le llamó la atención. Entre los tres, aprovechándose de que aquél armatoste flotaba, consiguieron crear un puente entre ambos lados del maltrecho paseo. Estaban demasiado entretenidos en sus quehaceres para reparar en el pequeño infectado que acudió a ver qué hacían. Hacía poco que había despertado de su letargo diurno y estaba hambriento. Fueron los gritos de pánico de Guille los que les alertaron.

El infectado no parecía en absoluto hostil. Tan solo miraba maravillado al asustado niño a través de la ventanilla. Parecía incuso divertido. Guillermo, tan pronto le vio, corrió gritando hacia él, agitando las manos, intentando ahuyentarle. Lo consiguió. El pequeño infectado dio un respingo, saliendo al instante de su ensimismamiento, y corrió verbalizando un sinfín de incongruencias, volviendo sobre sus pasos al extremo opuesto del paseo. Guillermo respiró hondo, satisfecho aunque aún muy afectado, abrió la puerta y comprobó que su hijo estuviera bien.

OLGA – Guillermo. ¡Guillermo!

El investigador biomédico se giró hacia Olga. La joven estaba señalando en la dirección por la que había huido el niño. Ya no había rastro alguno de él, pero cuatro infectados adultos se dirigían hacia ahí a una velocidad asombrosa. Sólo Dios sabía de dónde habían salido tan rápido, pero ya habían cruzado más de medio paseo y enseguida les alcanzarían.

comentarios
  1. Ma. Del Rosario Verdayes G. dice:

    Hola David buena tarde. Muchas gracias por los capitulos que nos envias, en verdad te lo agradezco, pero si quiero manifestar mi desacuerdo porque me dejas absolutamente intrigada. Que te cuesta darnos un par de parrafitos mas? y por que Guille grito si vive en su mundo, abstraido de su entorno? (no es verdad. Estoy totalmente de acuerdo) No sabes cuanto quiero que nos digas: pueden comprar el tomo III de Al Otro Lado de la Vida y lo que siga, para poder leeerlo completo y no soltarlo, como lei los dos tomos anteriores. Mientras tanto, a esperar el viernes (por la diferencia de horario, vivo en Mexico y los leo lunes y viernes a las 17:00 horas. Muchas, pero muchas gracias. Saludos.

    • Debe de resultar muy raro leer por pequeños fascículos después de devorar los dos primeros tomos, que son largos a rabiar. Guille está en un raro limbo entre la sanidad y la infección, pero tiene capacidad de sentir miedo, y los golpes en el cristal le asustaron, de ahí que gritase. Últimamente estoy trabajando incluso más duro en el final de la novela, y ya veo bastante brillante la luz al final del túnel. Quizá es debido a que ya no queda mucho, y me puede el hype por dejarla acabada y poder ofrecerla completa y seguir escribiendo la nueva novela que tengo en mente. Si sigo con el ritmo actual, creo que para verano puedo tenerla ya lista (ojalá no me equivoque). Yo tan pronto la acabe y la revise, independientemente de la altura de colgadas que lleve el blog, prometo publicarla en Amazon para que quien guste se haga con ella y pueda leerla cómodamente y del tirón. Además que me hace muchísima ilusión poder tener la trilogía completa lista para viejos y nuevos lectores. Y llegado el momento incluso intentaré dar el salto a papel, si a alguna editorial le gusta la idea y me ofrece un trato justo. Tal como me invitas a hacer, voy a ofrecerte en exclusiva un par de párrafos más del siguiente capítulo:

      GUILLERMO – ¡La virgen!
      Guillermo desabrochó a toda prisa el cinturón que retenía a su hijo y tiró con fuerza de su brazo. Guille se puso nervioso y comenzó a gimotear, intentando contrarrestar los esfuerzos desesperados de su padre por sacarle del coche. Olga se debatía sobre si correr con su hermano para intentar salvarse o ayudar al desesperado padre. No le costó demasiado tomar una decisión.
      GUILLERMO – ¡Guille, por el amor de Dios, no es el momento!

      David.

      • Ma. Del Rosario Verdayes dice:

        Muchas gracias, esperaré con ansia el momento de la publicación, desde luego que la compraré y no sólo eso, creo que empezaré a leer nuevamente los primeros tomos, para leer los tres de un tirón, así lo disfrutaré más. Y eso que el tema de zombies no es mi favorito. Prefiero el formato electrónico por comodidad, pero no hay como disfrutar un buen libro y el olor del papel, así que también lo compraré impreso. Felicidades! Muchas gracias por tanto trabajo.

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