3×1188 – Pieza

Publicado: 05/03/2019 en Al otro lado de la vida

1188

 

Comisaría de Bejor

7 de diciembre de 2008

 

No hizo falta que Olga insistiera demasiado, pues Guillermo ya había estado dándole bastantes vueltas el último día, mientras planificaba su próxima ruta en busca de su hermana. La joven de los pendientes de perla lo planteó como una idea altruista: si Guillermo se podía poner en contacto con algunos centros de refugiados desde la radio de la comisaría, tal vez pudiera dar con el paradero de Bárbara sin necesidad de seguir arriesgando la vida en sus viajes kamikazes. La realidad era mucho más anodina: ella lo que quería era tener la ocasión de volver a hablar con Samuel, y para ello necesitaba que él la llevase en coche. Sea como fuere, la voluntad de ambos se alineó y ello permitió que partieran de nuevo hacia la comisaría, dos días después de su primera visita.

Para sorpresa de ambos, Gustavo se ofreció a quedarse al cargo del niño. El joven arquero aún se sentía mal por tantas vidas inocentes como había segado desde las ventanas de la comisaría para poder salir de ahí. Por más que fueran infectados, que no hubieran dudado un segundo en acabar con su vida y con la de su hermana, para alimentarse acto seguido de sus cadáveres, él aún tenía demasiados sentimientos encontrados como para repetir la vil hazaña, al menos no hasta que tuviera ocasión de reflexionar largo y tendido sobre la naturaleza de la misma. Olga y Guillermo aceptaron de buen grado su propuesta, y partieron enseguida.

El camino hasta ahí había sido considerablemente más complicado que la vez anterior. Por algún extraño motivo, aquella mañana las calles estaban mucho más transitadas que de costumbre. El rodeo que tuvieron que tomar, huyendo sobre ruedas de los infectados que les perseguían corriendo, hizo que un trayecto que a duras penas debía haberse demorado cinco minuto les tomase más de media hora. No obstante, consiguieron llegar de una pieza, y con la tranquilidad de no haber atraído a nadie hasta su destino.

Ahora se encontraban de nuevo a salvo entre las paredes de aquél monolítico edificio, esperando a que Samuel se dignase a contestar. Guillermo había consentido de buen grado que primero la chica conversase con su amigo antes de probar suerte intentando contactar con algún centro de refugiados, pero ahora estaban a punto de tirar la toalla, pues hacía ya más de cinco minutos que esperaban. Para sorpresa de ambos, aquél desagradable sonido fue sustituido por la voz de Samuel.

SAMUEL – Hola. ¿Hola? ¿Sigues ahí? ¿Hola?

OLGA – ¡Hola Sam!

SAMUEL – ¡Hombre, Olga!

OLGA – ¡Caray! Pensé que no nos oías.

SAMUEL – Sí, es que estaba… estaba algo lejos. Y desde donde estaba no se oye muy bien la… bueno, da igual. ¿¡Qué tal estás!?

OLGA – Pues… bien, dentro de las posibilidades. Hoy nos ha costado un poco más llegar. Estoy aquí con Guillermo. Te hablé de él el otro día.

SAMUEL – Guillermo… No sé de qué me suena ese nombre…

OLGA – Quizá hayas hablado con alguien que se llamara así, antes… De los que te han estado llamando todo este tiempo…

SAMUEL – No… Yo… Yo creo que no. Bueno, da igual. No importa.

OLGA – Pues eso. Él se llama Samuel. Aunque prefiere que le llamen Sam.

GUILLERMO – Encantado, Sam.

SAMUEL – Igualmente. Es un placer.

El investigador biomédico se sentía ridículo. No entraba dentro de sus planes conversar en aquella especie de teléfono de la amistad post apocalíptico. No era a eso a lo que había venido a la comisaría. No obstante, intentó no resultar rudo, y se limitó a dejarse llevar por la conversación, indagando en lo que Olga le había contado al respecto de aquél enigmático personaje.

Samuel parecía tener las ideas muy claras, y no se anduvo con rodeos. Tras un breve intercambio de impresiones con ambos, no tardó en hacer referencia a la historia que Olga le había contado al respecto del encuentro con Christian, Morgan, Zoe y Bárbara. Guillermo no daba crédito a lo que oía, y llegó incluso a molestarse, esforzándose por convencerse que Olga y Samuel no se habían aliado para tomarle el pelo.

SAMUEL – No te lo vas a creer. ¡Me han llamado! A la radio. ¡A mi! Y… así hablando… les dije que había hablado contigo y con Gus, y enseguida se acordaron de vosotros. Bueno… el policía ya… no está con ellos, pero los demás sí. Y ahora están en un grupo mucho más grande. Con… con más gente.

OLGA – ¿Me estás diciendo que has estado hablado con Bárbara? ¿En serio?

SAMUEL – Sí. Ella es la que contactó conmigo la primera vez. Hablamos casi cada día. Te lo hubiera dicho antes, pero no tenía manera de conectar con vosotros.

Se trataba de un tema demasiado serio como para tomárselo a guasa, y él creía conocer a Olga lo suficiente, después de tanto tiempo de convivencia, para saber que no haría jamás algo así. No obstante, no las tenía todas consigo.

GUILLERMO – Si esto es una broma, Olga, ya te adelanto que me voy a enfadar. Y mucho. Con esto no se juega.

OLGA – Que yo no le he dicho nada, Guillermo. Te lo juro. Estoy tan sorprendida como tú.

GUILLERMO – ¿Me estás diciendo que puedes ponerte en contacto con Bárbara Vidal, Sam?

SAMUEL – ¿Tú también la conoces? Creía que ellos ya se habían ido cuando tú llegaste a Midbar… ¡Ah! ¡Claro! Guillermo… ¡De eso me sonaba tu nombre! Bárbara tiene un hermano que se llama igual que tú.

GUILLERMO – Bárbara es mi hermana.

SAMUEL – ¿De verdad? Madre mía. ¡Qué pequeño es el mundo!

GUILLERMO – Nos… ¿Nos puedes dar su… número, su…? ¡Oh, Dios! No puede ser verdad.

SAMUEL – La puedo llamar directamente, y hablamos todos. ¡Qué alegría, ¿no?!

GUILLERMO – Lo que sea. Pero date prisa. Necesito hablar con ella.

SAMUEL – Dame un segundo.

Guillermo sujetó a Olga del antebrazo y la miró a los ojos, con una expresión muy seria y fría, que hizo que la joven de los pendientes de perla se pusiera en tensión.

GUILLERMO – Como sea una broma, te juro que no…

OLGA – Te lo digo en serio, Guillermo, no sabía nada. Estoy tan sorprendida como tú.

El investigador biomédico, con el corazón latiéndole a toda velocidad bajo el pecho, soltó a Olga y tragó saliva, muy concentrado en la cadencia de su respiración. Ambos escucharon con meridiana claridad la llamada de Samuel, que se demoró lo que a Guillermo le parecieron horas. Finalmente escucharon una voz al otro lado de la línea, pero no era Samuel quien hablaba.

BÁRBARA – ¿Hola? Aquí Bárbara y Zoe.

SAMUEL – ¿Bárbara?

BÁRBARA – ¡Hombre Sam! Muy buenos días. ¡¿Qué tal andas?!

SAMUEL – No te vas a creer a quién tengo aquí al otro lado de la línea.

BÁRBARA – Sorpréndeme.

SAMUEL – No… no te lo vas a creer.

OLGA – Déjame. Déjame, que quiero… ¿Puedo decírselo yo? Por favor…

SAMUEL – No, si te está oyendo ya.

OLGA – ¿Qué? ¿Ah sí?

BÁRBARA – ¿Hola?

OLGA – ¿Bárbara?

BÁRBARA – ¿Con quién tengo el placer de hablar?

Guillermo estaba en estado de shock. Trato de arrebatar el micrófono a Olga, pero ésta, con una sonrisa de oreja a oreja, se lo impidió.

OLGA – Sht. Calla, calla. Ahora mismo le…

BÁRBARA – ¿Hola?

OLGA – Hola. ¡Soy Olga!

ZOE – ¡Hola Olga!

OLGA – ¡Hola cariño! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué… qué tal estáis por ahí?

BÁRBARA – Estamos muy bien. No te lo vas a creer. Al final conseguimos encontrar un barco, y ahora estamos viviendo en una isla, en un barrio con unas murallas muy altas que hemos construido alrededor. Estamos…

OLGA – Sí. Algo me ha contado Sam al respecto, antes de… llamarte. Siento… siento mucho lo del… lo del policía. Vuestro compañero.

BÁRBARA – Sí, bueno… muchas gracias. Oye, ¿y vosotros qué tal estáis? Madre mía. Pensé que no volveríamos a hablar nunca.

El investigador biomédico se había quedado mudo. No era capaz de encontrar las palabras. Creía que le habían engañado, pero conocía demasiado bien la voz de su hermana. Era a Bárbara a quien estaba escuchando charlar amistosamente, la misma persona cuyo cadáver había encontrado tirado en el suelo hacía poco más de dos meses. El nuevo mundo triste y hostil en el que vivían también podía ser maravilloso si se lo proponía. Intentó de nuevo arrebatar el micrófono a Olga, pero ésta volvió a atraerlo hacia sí.

OLGA – Que sí… ahora. Nosotros, pues… Mira. Estuvimos un tiempo viviendo en el centro de refugiados, donde nos conocimos, allá en Midbar. Pero… no… al final tuvimos que irnos. Hicimos como vosotros, y fuimos a la costa. Pero… ya no había ningún barco cuando nosotros llegamos. No hemos visto ninguno desde entonces. Ahora estamos viviendo en una escuela de náutica que hay en el puerto deportivo de aquí de Bejor. Estamos… estamos bien.

BÁRBARA – Madre mía. Me alegro muchísimo de que estéis bien. Hemos pensado mucho en vosotros desde que nos fuimos.

OLGA – Y nosotros… Te lo puedo jurar.

Olga se lo estaba pasando en grande. Guillermo se sorprendió de sí mismo, al no querer abofetearla por ello. Se sentía como en una nube, en un sueño del que despertaría de un momento a otro.

BÁRBARA – ¿Y qué…?

OLGA – Oye. Tengo a alguien aquí que se muere de ganas de hablar contigo. Ya no puede esperar más.

BÁRBARA – Ah, pues dile que se ponga. ¿Es tu hermano?

OLGA – No. No es mi hermano.

BÁRBARA – ¿Hola? Hola. ¿Con quién hablo?

GUILLERMO – Barbie. Barbie, soy yo.

Bárbara no respondió. Guillermo frunció el entrecejo.

GUILLERMO – ¿Bárbara? ¿Bárbara me oyes?

Nadie respondió. El investigador biomédico empezó a ponerse genuinamente nervioso.

GUILLERMO – ¡Oye! ¡Eh! ¿Me escucha alguien?

ZOE – ¡Carlos! ¡Carlos! ¡Carlos, sube! ¡Es Bárbara! ¡No sé qué le pasa! ¡Se ha… se ha…!

Olga no sabía dónde meterse. Guillermo se quedó a cuadros cuando lo único que escuchó al otro lado de la línea fueron los llantos desconsolados de aquella niña, convencido que el destino, de nuevo, se había reído en su cara, haciéndole creer que podría reencontrarse con su hermana, para acto seguido arrebatarle de nuevo toda esperanza.

comentarios
  1. Angela dice:

    Gracias David, por fin se va acercando la hora de saber qué le paso a Barbara y porque termino en un ataúd,
    “Era a Bárbara a quien estaba escuchando charlar amistosamente, la misma persona cuyo cadáver había encontrado tirado en el suelo hacía poco más de dos meses”.

    Mil gracias, ya me estoy imaginando todo lo que sigue.

    • Drock9999 dice:

      Por Dios! Esto solo lo hace mas complicado. Si Guillermo la encontro “muerta”, por que la seguia buscando?

      Como diria Homero Simpson aqui en America: “Y quiero una explicacion no gay” 🤣😂

      D-Rock.

  2. Me da la impresión que se ha pasado por alto el último párrafo del capítulo 1118 de la RECETA PARA EL APOCALIPSIS: PASO 7 (PARTE I) que decía lo siguiente:

    [No le hizo falta siquiera tomarle el pulso para atestiguar que en realidad no estaba dormida, tal como él había imaginado en primera instancia. El motivo por el que había decidido acabar precisamente ahí sus días se escapaba a su imaginación. Sus peores pesadillas se habían vuelto realidad: Bárbara estaba muerta.]

    Ya podéis hacer vuestras cábalas, que siempre me encantan. xD

    Verdad sea dicha, esa receta es la única que tiene el apéndice “parte 1”, y de ahí pasé a la octava, obviando a voluntad la segunda parte. Es un as en la manga que me guardé hace mucho tiempo para mostrarlo cuando fuese preciso, y ese momento… aún no ha llegado, aunque no falta mucho.

    ¡Gracias por seguir al otro lado!

    David.

  3. Beth_860 dice:

    Uy uy uy!! Que nervios, estupendo capítulo. Como dicen x aki, ya se va resolviendo las dudas de cómo llegó al ataúd. Me estoy quedando sin uñas 😜

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