3×1194 – Travesía

Publicado: 26/03/2019 en Al otro lado de la vida

1194

 

Sala central del velero Nueva Esperanza

31 de enero de 2009

 

GUILLERMO – ¿Pero tú estás segura de eso, Barbie?

BÁRBARA – Sí, te lo digo en serio. Si estamos donde estamos, es por no haber ido con la verdad por delante desde el primer momento. Estoy totalmente convencida de lo que digo, y… Zoe está conmigo en esto.

La profesora guiñó el ojo a la que a esas alturas ya era su hija adoptiva. Zoe sonrió. No había vuelto a ponerse las gafas de sol ni una sola vez desde que abandonaran Bayit. La relación entre ambas se había suavizado más incluso, tras la larga conversación que habían mantenido la primera noche en alta mar, cuando Bárbara se armó de valor y le pidió disculpas por no haber confiado en ella, y no habérselo explicado todo desde un buen comienzo. Zoe la perdonó y ambas se abrazaron largo rato, entre lágrimas. La profesora se acabó de convencer esa noche que fueran donde fuesen, lo harían con la verdad por delante, fuera cual fuese el precio a pagar.

BÁRBARA – Si no nos quieren con ellos, pues… nos iremos por donde hemos venido, ya ves tú qué problema. Tampoco nos vamos con una mano delante y la otra detrás. Con todo lo que tenemos aquí, y pescando de vez en cuando, tenemos todo el tiempo del mundo para pensar a dónde ir.

GUILLERMO – Pero a ver… Tampoco podemos ir de cero a cien, así… de sopetón. Los de… Bayit, nos han echado del barrio, pero bien podrían habernos fusilado ahí mismo. Ya viste cómo reaccionó Paris.

Bárbara reflexionó al respecto, pero negó con la cabeza, convencida de lo que había dicho, esforzándose por ignorar las sensatas palabras de su hermano. No quería volver a pasar por eso, pasar meses y meses mordiéndose la lengua cada vez que escuchaba un comentario ácido al respecto de la compañía farmacéutica que fundó su padre, sabiéndose corresponsable del dolor de la gente con la que convivía pero sin poder decirles nada.

BÁRBARA – La gente del islote Éseb no tenía armas.

GUILLERMO – A Paris no le hicieron falta armas para matar a Guille.

Zoe se quedó de piedra. Bárbara sintió una punzada de dolor al ver la expresión consternada y seria en la cara de su hermano. Estaba genuinamente preocupada por él. No le había visto tan abatido ni después de la muerte de ambos progenitores comunes. Incluso le había pillado fumando a hurtadillas en un par de ocasiones los últimos dos días, pese a que él no era fumador habitual.

GUILLERMO – Pero bueno… vale. Expliquémoselo. Total, ¿qué más podemos perder?

Bárbara respiró hondo y tuvo que reprimir una arcada. Llevaban un rato charlando y la conversación había derivado en esa dirección por mera casualidad: ella no lo había previsto así. Quería y necesitaba la aprobación de su hermano para tomar una decisión de semejante calibre, consciente de las repercusiones que ésta podría entrañar, pero no quería que fuese de ese modo. Guillermo estaba abandonándose a la desidia a marchas forzadas, y ella no sabía qué hacer para ayudarle. De lo que no cabía la menor duda era que, en esos momentos, y al menos durante un tiempo, no valdría la pena seguir esforzándose por hacerle entrar en razón. Cada vez le costaba más reconocerle.

La profesora aprovechó ese silencio tenso para salir a cubierta. Lo hizo apresuradamente, pero no lo suficiente para despertar las sospechas de sus dos compañeros de travesía. Miró por encima del hombro antes de asomarse fuera de la cubierta, y acto seguido no pudo aguantar más y vomitó casi todo lo que había desayunado. La sensación era muy rara, pues desde que resultó infectada, no le había aquejado ningún tipo de malestar, molestia o dolor. Sin embargo, desde hacía cosa de un día se sentía algo mareada, y las arcadas eran cada vez más frecuentes.

Asumiendo que no podía ser culpa del vaivén del barco, pues nunca antes se había mareado en esas condiciones, concluyó que debía tratarse de un corte de digestión o una intoxicación alimentaria, pues el día anterior se habían alimentado prácticamente en exclusiva de pescado fresco que habían conseguido con la red de arrastre. Pese a que ni Zoe ni su hermano compartían sus síntomas, no quiso darle más importancia, pues ya tenía suficientes quebraderos de cabeza. Pero le resultó imposible.

Poco después Zoe salió a cubierta, y ella se afanó a limpiarse la boca con la manga de la chaqueta, aún con aquél desagradable sabor amargo en la boca. Le sonrió, y la niña se colocó a su vera, sin mediar palabra. No habrían pasado ni diez minutos, en los que ambas se limitaron tan solo a observar la naturaleza en todo su esplendor, cuando Bárbara reparó en algo que se movía en el cielo, a una distancia inabarcable, tan lejos que incluso dudó de su vista.

La niña de la cinta violeta en la muñeca, que hasta el momento había estado observando la superficie del mar, en relativa calma, se sorprendió al ver la expresión asombrada del rostro de la profesora. Miró hacia donde ella miraba, y fue entonces cuando lo descubrió. Se trataba de un avión. El avión de pasajeros de una aerolínea de bajo coste. Ninguna de las dos daba crédito a lo que les decían sus ojos.

BÁRBARA – Parece que el mundo no se ha detenido, después de todo…

Zoe, aún boquiabierta, asintió levemente, forzando la vista, tratando de convencerse, aún sin éxito, de que se trataba de imaginaciones suyas. Llamaron a Guillermo y señalaron el avión, cada vez más visible, seguido de su inseparable estela blanca. El investigador biomédico no pareció sorprenderse demasiado, y enseguida volvió a los mandos del timón.

Metidos como estaban en su burbuja particular, desde hacía largo tiempo algo dentro de sí les había hecho asumir que ellos eran los últimos y únicos supervivientes sobre la faz de la tierra. El aislamiento al que habían sido sometidos había distorsionado su percepción de la realidad, haciéndoles creerse especiales, los elegidos para sobrevivir. No eran ni remotamente conscientes de lo equivocados que estaban.

comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Carlitos, que grande!!!!

    Y ese avion? Nada en esta historia es coincidencia

    D-Rock.

  2. Fran dice:

    Muy grande, David. Me ha gustado el giro de la historia con ese avión. Un nuevo elemento para abrir nuestra curiosidad.
    Y Bárbara embarazada de Carlos??!! Yupiiiii!!!!!
    Ya tenemos la primera generación del nuevo mundo…

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