3×1197 – Pato

Publicado: 05/04/2019 en Al otro lado de la vida

1197

 

Islote Éseb

3 de febrero de 2009

 

Aquél pequeño pato graznó al otro lado de la puerta, rompiendo el sepulcral silencio de aquella apacible mañana de invierno. Bárbara estaba muy concentrada y bastante nerviosa, y el corazón le dio un vuelco. Tenía la barriga hinchada de cuanta agua había bebido. Fruto del sobresalto soltó lo que tenía entre manos, que de poco no acaba en el sucio suelo de tierra.

Estaba sola en aquella cabaña, una de las más pequeñas de la minúscula aldea a medio construir de la que disponía el islote. Zoe aún dormía a pierna suelta, pues la jornada anterior la había dejado exhausta. Su hermano había ido a la playa poco después que ambos despertasen, rayando el alba. Últimamente apenas comía y estaba siempre irascible. Pasaba muchas horas en la orilla de la playa frente al enorme comedor, a solas, tan solo observando el vaivén de las olas, reflexionando. La profesora estaba cada vez más preocupada por él, y la impotencia de no saber qué hacer para levantarle la moral era más asfixiante a cada nuevo día que pasaba. El investigador biomédico estaba muy lejos de haber superado la pérdida de su único hijo y ella temía si jamás podría hacerlo.

Pese a distar años luz de lo que habían previsto antes de llegar, la estancia en el islote estaba resultando de lo más placentera. Una vez sobrepasado el escollo de tener que deshacerse de los infectados, amén de sus cadáveres, y de recoger y limpiar cuanto se había desmadrado en aquél trágico incidente de origen desconocido, la vida ahí se estaba demostrando excepcionalmente sencilla. Al igual que en Nefesh, disponían de alimento y bebida suficientes para no tener que preocuparse por ello, y el hecho de tener conocimiento que ahí no había infectado alguno, marcaba mucho la diferencia. El cambio, sin duda, había sido a mejor.

La jornada anterior Zoe y ella habían estado recolectando víveres en una curiosa e improvisada misión de apnea, haciendo uso del bote rojo de remos. Bárbara había insistido mucho a su hermano para que se uniese a ellas, con no otra intención que la de distraerle y hacer que se divirtiese un rato, dándole la oportunidad de dejar de lado durante un par de horas sus demonios personales. Fue incapaz de convencerle.

No fue más que un juego para ambas, pues con lo que traían en Nueva Esperanza, no les hubiera hecho falta siquiera pescar durante meses. La niña se había encargado prácticamente de todo: la mar estuvo en todo momento muy calmada, y en esa zona el lecho marino no era muy profundo. De hecho, si decidieron llevar a cabo esa pequeña aventura, fue porque habían descubierto aquél barco hundido por la mañana, mientras se dirigían del barco, en el que habían pasado esa noche, a tierra firme.

Apenas habían encontrado nada, y lo poco que encontraron, salvo algunas latas, se había echado a perder por el exceso de humedad y a esas alturas resultaba a todas luces inservible. Sin embargo, Zoe se lo pasó en grande, y la profesora agradeció mucho tener algo más en lo que ocupar su mente que el bienestar de su hermano y su propia salud. La niña tenía muy buenos pulmones, cualidad sin duda acentuada por su particular condición de infectada, y Bárbara, mientras la esperaba, notó de nuevo aquellos mareos tan frecuentes los últimos días.

La profesora se estaba empezando a preocupar por ello, pues si bien no había vuelto a vomitar desde la corta travesía hasta el islote, sí había tenido algún que otro amago de náusea, y aquella extraña sensación de mareo e indigestión que la había acompañado desde que abandonasen Nefesh. Zoe no se había dado cuenta; su hermano sí. No obstante, Guillermo no le había comentado nada al respecto. Ella temía que lo hiciese de un momento a otro, incluso lo deseaba, pero ello, sencillamente no ocurría.

Sentada en aquél rudimentario taburete de madera, ahora sí sabía a qué era debido todo aquello. Lo que empezó la mañana de la jornada anterior como una tonta ocurrencia, acabó transformándose en una obsesión a medida que avanzaba el día. Su menstruación era del todo menos regular desde el inicio de la pandemia, pero a esas alturas llevaba un retraso de más de una semana. Creyó que no sería capaz de desmentir su tonta teoría hasta que esa misma mañana, hacía escasos diez minutos, había encontrado aquél baúl debajo de una de las literas. Al parecer, o bien había pasado por alto a quienes saquearon el islote, o éstos concluyeron que su contenido no era digno de ser robado.

El baúl estaba a rebosar de medicinas. Daba la impresión que alguno de los antiguos habitantes del islote hubiera saqueado a conciencia una farmacia, arrasando con todo a su paso sin ningún tipo de criterio. Dada su nueva condición de salud, que rayaba con creces la inverosimilitud, ninguno de los tres precisaría jamás de nada de eso, pero por fortuna, Bárbara encontró exactamente lo que buscaba. Era del mismo modelo del que utilizase Marion no hacía ni un mes, y al igual que en ese caso, el resultado fue positivo.

No se molestó en hacer una segunda prueba para corroborar que estaba en lo cierto. A esas alturas estaba más que convencida que el motivo de su reciente malestar no era otro que el embarazo. Aquél maldito virus, que tantísimo mal había hecho en todo el globo, le había devuelto la capacidad de engendrar vida, del mismo modo que había devuelto la movilidad a las piernas de Maya o la visión a Nemesio. Bárbara se sintió increíblemente estúpida por no haberlo imaginado antes.

Sintió un pinchazo de remordimiento al recordar a Enrique. Nada había ocurrido como se suponía que debía ocurrir, pero al final había conseguido salirse con la suya. No se le ocurría mejor homenaje para honrar al desaparecido Carlos. Una miríada de posibilidades se formaron en su mente: ahora el mundo no parecía tan oscuro y deprimente como cuando despertó. Zoe podría tener un hermano del que cuidar, ella otro motivo más para seguir luchando, Guillermo…

Tan pronto le vino a la mente, tuvo claro que aquella nueva vida podría solucionar la mayor parte de los problemas que tenía en esta. Excluyendo a Carlos, que era el padre, pues ella no había mantenido relaciones sexuales con nadie más desde la muerte de Enrique, el principal responsable de aquél milagro era Guillermo. Si él no hubiese intentado devolver la vida a José, propagando el prodigioso virus que ahora corría por sus venas, Bárbara seguiría siendo estéril, y aquél milagro sencillamente no podría haber ocurrido. Bárbara se convenció que era algo así lo que su hermano necesitaba para salir del profundo pozo en el que se había ido hundiendo más y más desde que llegaron al desolado islote.

Al abrir la puerta, el pato se la quedó mirando, a escasos tres metros. Acto seguido dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria, moviendo la colita, sin prisa pero sin pausa. Era poco más que un polluelo, y Bárbara dudaba seriamente de si sería siquiera capaz de volar. No le dio mayor importancia, y salió a toda prisa de la cabaña con una amplia sonrisa en la boca, como no la había tenido en semanas. Era la primera noticia genuinamente buena que recibía desde que descubrió que Guillermo y Guille seguían con vida.

La profesora corrió a darle la buena nueva a su hermano, convencida que ello podría devolverle la esperanza y las ganas de vivir, demostrando que, después de todo, su acto inconsciente también había entrañado cosas buenas. Llegó tarde. Guillermo hacía más de media hora que se había quitado la vida cuando Bárbara descubrió su cadáver, con ambas muñecas abiertas, regalando lo poco que quedaba de su sangre infecta al mar.

comentarios
  1. Angela dice:

    Ohhh!! nunca me imagine que Guillermo iba a terminar con su triste vida pero si me imagine que lo mataría alguno que supiera de su condición de propagador del virus y ese dilema si o si tendría que haber pasado en el islote pues ellos habían decidido ir con la verdad por delante.
    Ahora ya es tarde y no es necesario contar nada, es más, ya ni siquiera es necesario que se queden las dos solas en el islote. ¿o sí?
    Gracias David, muy buen capitulo.

  2. Carol dice:

    Por mi parte, me parece el final más verosímil para Guillermo. Quien podría vivir con semejante culpa? Otra cosa: el bebé va a ser una niña? Lo comento por lo de “Zoe podría tener una hermana….”. Alguna razón especial para ello….?

  3. Betty dice:

    Madre mía!!
    En pocos capítulos esto está dando unos giros inesperados e impactantes y ya no me valen mis elucubraciones, esto va a ser de traca 😱👏👏

  4. mari carmen dice:

    menuda sorpresa yo que creia que salvaria el mundo del mismo modo que lo destruyo con la vacuna jejeje me encanta

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