3×1208 – Aniversario

Publicado: 14/05/2019 en Al otro lado de la vida

1208

 

Faro de Iyam

18 de abril de 2009

 

Ninguna de las dos era capaz de dar crédito al hecho que hubiesen ido a parar literalmente al mismo lugar del que habían partido. Bien era cierto que esa y no otra era la intención desde un primer momento, pero aún así, ambas dudaban de su capacidad para llevarla a buen término. Darío, que fue quien las había instruido en la navegación, no hubiera estado menos sorprendido que ellas mismas al verlas efectuar semejante hazaña.

Se trataba de un día nuboso que amenazaba lluvia, idéntico al día en el que partieron de Iyam. Zoe sentía un cosquilleo en el estómago extrañamente similar al de aquella lejana jornada. La impresión, no obstante, era muy diferente. Donde antaño les embargaba una sensación de ilusión y esperanza, ahora tan solo quedaba un cierto poso de inquietud y prisa. Iban de vuelta de todo, después de cuanto habían vivido, pero del mismo modo, ahora estaban mucho más tranquilas, serenas y seguras de sí mismas que antaño.

Salvo aquél barco abandonado y algo de detritus de lo que parecía un cargamento de pelotas de ping pong flotando a la deriva, no tuvieron ningún tipo de sobresalto en la travesía, por otra parte, excepcionalmente rápida y en todo momento con el viento a favor. Estaban empezando a acostumbrarse a que todo saliera a pedir de boca, y si todo salía bien, esa misma tarde podrían volver sobre sus pasos de vuelta al islote, donde tan solo deberían limitarse a esperar el nacimiento del hijo o la hija de la profesora.

Zoe fue la primera en llegar a lo más alto de aquella larga escalera en espiral. Había subido a toda prisa, embriagada y algo triste por todos los recuerdos que aquél lugar traía su mente: muchos de los que partieron, con idéntica ilusión a la suya, ahora habían pasado al otro lado de la vida. Todo apuntaba a pensar que nadie había accedido al faro desde que ellas partieran de la península en busca de un destino mejor. No dejaba de resultar irónico que hubieran vuelto, incluso después de haberlo encontrado.

Bárbara llegó por fin al piso superior, y se acercó a la ventana para echar un vistazo al estado del pueblo costero. Encontró literalmente lo que esperaba encontrar, y ello en cierto modo la apaciguó. Las calles estaban desiertas, y aunque algo más sucias y descuidadas que a su partida, no se veía a nadie deambulando por ellas, ni signo alguno de asentamiento de supervivientes. Deseaba con todas sus fuerzas encontrar a alguien sano para que las acompañase, y al mismo tiempo era lo que más temía. Dadas las circunstancias, ni ella misma hubiera sabido prever cómo habría reaccionado de encontrarlo ahí arriba, aunque sospechaba que, después de cuanto había vivido, su bienvenida se asemejaría más a la que les dio el difunto Paris, cuando se conocieron en Nefesh.

Sobre la pared, frente a la mesa en la que se encontraba la nota, había una estación meteorológica digital a pilas, que aún conservaba la vida. Enseguida atrajo la atención de Zoe. Arriba la izquierda se veía con claridad el dibujo de un par de nubes descargando lluvia, pero a la niña de la cinta violeta en la muñeca no le importó lo más mínimo. Ella se fijó en la parte inferior derecha. Al parecer era sábado, aunque eso no le importó lo más mínimo. Lo que le llamó poderosamente la atención fue el día y el mes.

Hacía bastante que habían perdido la noción del tiempo. Pese a que conservaban cierta idea de la estación y la hora del día en función de la trayectoria del astro rey, el día de la semana o el mes en el que se encontraban se desdibujaba en una bruma de anacronía y falta de interés, pues tampoco necesitaban esa información para nada, en su día a día. Bárbara se giró hacia la niña, y se sorprendió al ver la expresión de su cara.

BÁRBARA – ¿Qué ocurre?

ZOE – Es… es 18 de abril.

Bárbara frunció ligeramente el ceño. No alcanzaba a comprender a la niña, pero no quería resultar grosera.

ZOE – ¡Es mi cumpleaños!

BÁRBARA – ¿Ah, sí? ¡Felicidades!

La profesora se sintió profundamente reconfortada al ver aquella radiante sonrisa en el rostro de la pequeña. Ahora ya no era tan pequeña.

BÁRBARA – ¿¡Ya tienes once años!?

ZOE – Sí.

BÁRBARA – ¡Caray!

La profesora estrechó en sus brazos a su hija adoptiva, acariciándole la espalda. Pese a estar todavía en shock por la inesperada buena nueva, la atención de Zoe se dirigió inexorablemente hacia la mesa que había al otro extremo de la estancia. Tan pronto Bárbara la libró de su abrazo, fue ahí hacia donde se dirigió, seguida de cerca por la profesora.

Sobre la mesa había una nota escrita a mano, con dos llaveros encima. Bárbara no fue capaz de reconocer el juego de llaves del faro, pero sí el del furgón policial con el que habían hecho el camino desde la prisión donde rescataron a Christian hasta la costa. Zoe apartó las llaves de un manotazo y asió la nota.

ZOE – Si estás aquí, es que hemos fracasado, lo cual es una lástima. Pero al menos estás vivo, que es más de lo que puedo decir yo. El furgón está aparcado frente a la puerta principal del faro, en el mismo sitio donde lo dejamos. Tenéis una garrafa seis litros de combustible y una batería sin estrenar frente al asiento del copiloto. Que tengáis mucha suerte. Morgan.

Bárbara y Zoe se miraron a los ojos, bien abiertos. Acto seguido estallaron en una carcajada nerviosa, y tuvieron que sujetarse la una a la otra para no caerse al suelo. Sin duda inspirado por su compañero de cuerpo y amigo Rafael, Morgan había decidido dejar atrás un pequeño obsequio por si el día de mañana él mismo, o cualquiera de los demás integrantes del heterogéneo grupo de supervivientes que partieron de Iyam con una maleta repleta de sueños volvía con el rabo entre las piernas, como era el caso.

Ninguna de las dos recordaba haberle visto escribir esa nota, ni si había sido el primero o el último en partir. Zoe no concibió un mejor regalo de cumpleaños ni un mejor autor del mismo, y aquella sonrisa le acompañaría el resto del día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s