3×1211 – Raíces

Publicado: 28/05/2019 en Al otro lado de la vida

 

1211

 

De vuelta al faro de Iyam

18 de abril de 2009

ZOE – Oye….

Bárbara estaba concentrada en sus pensamientos, y a duras penas prestaba atención a la carretera. Zoe se había demostrado una excelente conductora. Ya habían vuelto al paseo marítimo y en cuestión de cinco minutos llegarían de vuelta al faro. Todo había salido a pedir de boca, y aún pasaría más de una hora antes que comenzase a anochecer. Tardó unos segundos en reaccionar.

BÁRBARA – ¿Sí?

En esta ocasión fue Zoe la que se hizo de rogar, pese a que ella sí la había escuchado, perfectamente.

BÁRBARA – ¿Qué… qué decías, Zoe?

ZOE – No. Nada… Si… es… Es una tontería.

BÁRBARA – Dime.

ZOE – ¿Por qué no… por qué no…?

BÁRBARA – ¿Por qué no qué?

Zoe respiró hondo. Sabía a ciencia cierta que Bárbara le diría que no, pero no paraba de darle vueltas desde que llegasen de vuelta a la península, y no se quedaría del todo tranquila hasta que lo soltase.

ZOE – ¿Por qué no volvemos a Sheol?

La profesora apartó sus ojos de la carretera y miró fijamente a la niña. Ella, no obstante, seguía concentrada en la conducción, y no hizo ni el amago de devolverle la mirada. Aquella proposición le había cogido con la guardia baja. Ya lo habían hablado, y acordado, que tan solo iban a la península a recoger los enseres y alimentos que necesitarían para darle una buena bienvenida al mundo al hijo o la hija de Bárbara, para volver a Éseb ipso facto. La profesora frunció el entrecejo, contrariada.

BÁRBARA – ¿A Sheol?

Zoe no respondió. Bárbara empezó a preocuparse, al ver la expresión ceñuda de su rostro. Daba la impresión que fuese a ponerse a llorar en cualquier momento.

BÁRBARA – ¿Por qué Sheol, por… por qué ahora?

La niña tomó aire, lo retuvo en el pecho un par de segundos y lo soltó lentamente por la boca.

ZOE – No sé… Me apetecería ver qué tal está mi casa… el… el barrio. Es… No… No sé. Echo de menos… todo eso. Me haría ilusión volver a… Hace mucho tiempo que nos fuimos. Y ahora que estamos tan cerca…

Bárbara sabía que no estaban tan cerca, y que Zoe era perfectamente consciente de ello. Tardarían al menos un día entero en llegar, y eso en el mejor de los casos, si no encontraban problemas por el camino, lo cual era cuanto menos poco verosímil. Esa idea era algo que no se había llegado a plantear, y aún tardaría un poco más en digerirla. No pudo evitar pensar en el pato, y algo dentro de sí se movió.

ZOE – No me hagas caso. Es una tontería.

BÁRBARA – ¿No estás bien en el islote?

ZOE – Sí… Sí. Claro. No… no he dicho nada. Olvídalo.

BÁRBARA – No, no. Zoe. Hablémoslo.

La niña apartó por primera vez la mirada de la carretera y echó un breve vistazo a su madre adoptiva. Bárbara no pudo evitar sonreír al ver en sus ojos rojos aquél brillo de ilusión y esperanza. Hacía mucho tiempo que había normalizado su nuevo color.

ZOE – El islote está bien. Ahí… tendremos de todo, pero… es lo que tú decías. Estamos muy desprotegidas. Ahí puede… puede venir cualquiera a…

La niña tragó saliva. Su discurso no se le estaba dando todo lo bien que hubiese deseado, y era perfectamente consciente de ello.

ZOE – … hacernos daño.

BÁRBARA – Cariño… Sheol no va a ser mejor…

ZOE – No, bueno… al menos tendremos mucho más fácil huir, si… si se presentan problemas. No creo que nadie se haya ido a vivir ahí, siendo el sitio donde empezó… todo. Y además… sabemos que tampoco hay infectados. Se fueron todos con el incendio.

Bárbara frunció de nuevo el entrecejo. Por más que le pesara, lo que decía la niña era cierto. Al menos en parte. Cuando ellas partieron hacia la costa, Sheol estaba completamente vacía. Tan solo debían quedar los infectados que hubieran estado encerrados durante el incendio, que con toda seguridad ya habrían muerto a esas alturas y los que estuvieran tan gravemente mutilados que no pudieran huir, que no tenían por qué suponer ninguna amenaza. A ese respecto, no debía ser mucho más peligroso que el islote, y habida cuenta que los infectados ignoraban a la niña, eso tampoco tenía por qué marcar una diferencia para ella.

ZOE – Quizá quede alguno, o… algunos que hayan vuelto, pero… podríamos hacer como en Nefesh. Podríamos empezar de cero… otra vez. Ya lo hicimos cuando nos fuimos del hotel y… se nos dio bastante bien.

Bárbara se quedó pensativa. La niña se concentró de nuevo en la carretera. El silencio se prolongó casi un minuto.

BÁRBARA – A ti no te gusta vivir en el islote.

La respuesta fue rápida y contundente.

ZOE – No. Es muy aburrido, Bárbara. No hay nada que hacer ahí. Se me viene el mundo encima de pensar que estaremos ahí un montón de años. Lo siento. No es por ti, eh.

BÁRBARA – Lo sé. Lo sé… pero…

La profesora no pudo evitar sentirse mal, al saberse responsable de ello. Ella había sido la que la había arrastrado lejos del grupo, aunque fuera por mera inercia. Y comprendía que para una niña de su edad, la perspectiva de pasar toda la adolescencia en aquél pedazo de tierra resultase del todo menos atractiva. Incluso para ella misma resultaba cuesta arriba.

BÁRBARA – Mira, ya se está haciendo tarde. Pasemos hoy la noche en el faro, y le damos un par de vueltas más, mientras cenamos. ¿Te parece?

Ambas cruzaron sus miradas. La niña asintió, algo escéptica.

Llegaron de vuelta al faro, y no se molestaron e siquiera en descargar del furgón todo cuanto habían traído consigo. Subieron las escaleras en espiral y prepararon una opípara cena caliente, durante la cual siguieron discutiendo al respecto de la propuesta de la pequeña. Para entonces ya era noche cerrada, y habida cuenta de cuánto habían madrugado ese día, Zoe no tardó en acostarse.

La noche no tuvo nada que envidiar al día. Ni una triste luz en la lontananza, ni un triste infectado vagando por las calles desiertas.

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comentarios
  1. ¡Chic@s!

    Recién he acabado de escribir la penúltima etapa de la trama troncal, y voy a empezar con un pequeño interludio de siete capítulos titulado “Relatos desde el otro lado de la vida” en el que expondré el “qué fue de” siete personajes (o pequeños grupos de personajes) que pasaron por la novela pero de los que no se volvió a saber nada. Son siete, y tengo seis de ellos muy claros. El primero de todos será la historia de Marina, obra de Sonia, veterana del blog, que también es escritora y a la que todos conocemos y apreciamos tanto. Tengo claras otras cinco, pero aunque también tengo candidatos para la séptima, me gustaría que la escogieseis vosotros. Si durante el transcurso de la trilogía habéis echado en falta saber el destino de algún personaje en concreto, es el momento de decírmelo para que cierre su arco. Ya adelanto que no todo serán historias tristes.

    David.

  2. Angela dice:

    Gracias David, excelente noticia.
    Toda esta calma es demasiado estresante😳… que fue de sus compañeros de aventura? se enojaron para siempre? volveremos a saber de ellos?

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