3×1230 – Parto

Publicado: 10/12/2019 en Al otro lado de la vida

1230

 

Supermercado abandonado a las afueras de Sheol

28 de septiembre de 2009

 

Por más que lo intentó, Zoe fue incapaz de hacer entrar en razón a Bárbara. Se lo suplicó y llegó en cierto modo a enfadarse con ella, pero la profesora se negó en redondo a moverse. Era consciente que el parto era inminente, y que no tendrían tiempo de llegar de vuelta a la masía antes que se hubiese producido. Y no tenía la más mínima intención de dar a luz ni en plena calle ni a la carrera mientras Zoe conducía el furgón a toda velocidad por la ciudad fantasma.

Había roto aguas sin que se presentase ningún síntoma previo, mientras paseaba tranquilamente por uno de los muchos pasillos de aquél gran supermercado. El principal problema residía en el color del líquido amniótico. Ella y Zoe habían leído mucho al respecto de todo el proceso de un parto, las últimas semanas, habida cuenta que tendrían que encargarse de llevarlo a buen puerto sin más ayuda que ellas mismas. Por ello no le gustó en absoluto el tono rosado que tenía.

Las contracciones se habían presentado prácticamente al mismo tiempo que se produjo la rotura del saco amniótico. Pese a que no podía sentir dolor como tal, Bárbara las notaba con meridiana claridad, como una especie de flato intermitente. Su rápida cadencia también la había cogido por sorpresa. A ese respecto, y por mucho que hubiese leído, todo era nuevo para ella.

La profesora estaba en esos momentos más preocupada que ilusionada por lo que estaba por venir. Llevaba deseando ser madre desde hacía prácticamente una década, y ahora parecía que por fin el mundo, que se había reído en su cara privándole de su deseo más íntimo, le daría de nuevo una oportunidad. No obstante, ella ya se sentía más que ahíta a ese respecto, pues Zoe había ocupado con matrícula de honor ese huequecito en su corazón, durante el escaso año que ambas habían convivido.

En esos momentos Zoe volvió corriendo del pasillo donde había cogido aquél conejito, que a esas alturas había olvidado por completo, con una cantidad a todas luces excesiva de toallas y unos cuantos cojines. Bárbara sonrió, cansada, y se dejó ayudar, mientras la niña fabricaba una especie de cama improvisada no sin antes apartar aquellos cartones manchados de sangre. No estaría ni por casualidad a la altura de un parto en la masía, donde lo tenían todo preparado, pero debería bastar.

Zoe estaba atacada de los nervios. Aunque se esforzaba sobremanera por que no se le notase, estaba más inquieta incluso que la propia Bárbara. Ella parecía agotada y somnolienta. Había amanecido en muy buena forma y con bastante ánimo, pero todo había cambiado en cuestión de minutos. No estaba convencida que pudiera ocurrir todo tan rápido, pero las contracciones se estaban volviendo cada vez más frecuentes, a una velocidad lindando con lo alarmante.

Lo que antaño habían sido pequeñas pérdidas esporádicas, más frecuentes que la menstruación que había perdido pero algo menos abundantes que ésta, ahora se había convertido en algo parecido a un grifo abierto al que se le hubiera roto el mando, de modo que no hubiese manera alguna de hacer que dejase de brollar lenta pero ininterrumpidamente. Bárbara no estaba convencida de si eso era algo relativamente normal tras haber roto aguas, o si por el contrario era un problema grave. En cualquier caso, no tenía modo de averiguarlo ni mucho menos de ponerle solución.

La niña de la cinta violeta en la muñeca ayudó a Bárbara a desnudarse de cintura hacia abajo. Pese a que no hacía apenas frío, la profesora tenía la frente perlada de sudor. Por fortuna, la naturaleza había decidido poner algo de su parte, y el bebé se había colocado en la posición adecuada por sí solo. Pese a que las contracciones eran cada vez más y más frecuentes, Bárbara tuvo serias dificultades para dar el siguiente paso.

Transcurrió más de media hora hasta que finalmente la cabeza del hijo biológico primogénito de Bárbara comenzase a asomar entre los labios de su vagina. Desde que comenzasen las primeras contracciones, Bárbara había perdido una cantidad de sangre incompatible con la supervivencia, pero ahí, seguía, al pie del cañón, más que dispuesta a darle a su bebé la oportunidad que, como bien Zoe había señalado allá en el islote meses atrás, merecía, por más que el mundo hubiese decidido ponérselo todo en contra.

Zoe, lejos de echarse a llorar y entrar en pánico, demostró ser la mejor aliada que Bárbara hubiera podido imaginar, ayudándola en todo momento a mantener la calma y respirar adecuadamente, tal como ambas habían aprendido en los libros que habían leído juntas, y ayudando al bebé a venir al mundo.

Una vez comenzó a asomar, todo ocurrió en cuestión de minutos. Zoe tomó el relevo a Bárbara cuando a ésta prácticamente ya se le habían acabado las fuerzas, y finalmente, entre las dos, consiguieron obrar el milagro. Se trataba de una niña. Una niña con el pelo moreno, igual que el de su difunto padre.

La niña de la cinta violeta en la muñeca la sujetó entre sus temblorosos dedos, mientras Bárbara, tan mareada y afectada por la pérdida de sangre que le costaba incluso mantener los ojos abiertos, al límite de sus fuerzas y extenuada en demasía, lo observaba todo desde su mullida posición sobre los cojines que Zoe le había traído. La niña era muy pequeña. Era demasiado prematura. Había nacido un mes antes de tiempo, y no respiraba.

Zoe trató de convencerse de que tan solo eran imaginaciones suyas, pues estaba extremadamente nerviosa. La cogió con toda la delicadeza que pudo por sus diminutas piernecitas, sucias con la sangre de su madre y algo moradas, y le dio un golpecito en las nalgas, esperando que comenzase a llorar de un momento a otro. Pero eso sencillamente no ocurrió.

BÁRBARA – De… Déjamela. Por favor, Zoe.

Zoe, al borde del llanto, entregó el bebé a su madre. Bárbara, que se sentía desfallecer por momentos, esbozó una sonrisa cansada, y acunó a su hija entre los brazos. Era demasiado pequeña para distinguir en ella facción alguna, pero reconoció la nariz de Carlos en su minúscula cara, con aquellos ojitos cerrados. La atrajo a su pecho y ella también cerró los ojos, que enseguida se anegaron de lágrimas, al igual que los de Zoe.

comentarios
  1. mari carmen dice:

    hooooo dios miooooo que ha pasadoooo , no puedes poner el siguiente ? 😱😱😱😱😱😬😬😬😬😬😬

  2. Angela dice:

    Excelente capitulo David, me he quedado anonadada, la semana se me va hacer muy larga esperando el desenlace!!

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