3×1236 – Desatino

Publicado: 17/12/2019 en Al otro lado de la vida

1236

 

Contenedor de basura orgánica, entrada de Mávet

24 de septiembre de 2008

 

Fueron las gotas de lluvia impactando con fuerza contra la tapa del contenedor en el que llevaba encerrada lo que le había parecido una eternidad, las que marcaron un punto y aparte en la inercia que la había llevado a no hacer absolutamente nada como solución a sus problemas. Hasta el momento se le había dado bastante bien, pero era perfectamente consciente que no podría seguir así mucho más tiempo, antes de llegar al punto de no retorno. Ya estaba increíblemente hambrienta y tenía la boca demasiado seca para pensar con claridad.

Había acabado acostumbrándose al olor, al mismo olor que había amenazado con hacerla vomitar en más de una ocasión, hasta el punto de aprender a ignorarlo. La elección de ese lugar se había demostrado un acierto mayúsculo.

Estaba convencida que podría haber pasado ahí una semana entera sin atraer la atención de un solo infectado. Los pocos que habían deambulado a su alrededor durante el día y los muchos que lo habían hecho durante la noche, la habían ignorado por completo. Ella los oía con meridiana claridad a una distancia a todas luces demasiado próxima para no hacer que se le saliera el corazón por la boca, pero se había limitado a mantenerse quieta y en el más absoluto de los silencios, y al parecer, eso había sido más que suficiente.

Llevaba ahí encerrada más de veinticuatro horas, durante las cuales había tenido mucho tiempo para pensar. Demasiado tiempo para pensar. No hacía más que darle vueltas a la idea que con su lucha férrea aunque demencialmente torpe por mantenerse con vida, lo único que estaba haciendo era retrasar lo que a todas luces era inevitable. Si no más tarde, más temprano, acabaría siendo víctima de algún infectado: ella no tenía nada de especial para vencer donde tantos otros habían perecido.

Quizá en gran medida fruto de esa congoja interior, por la acuciante necesidad de dejar de darle vueltas a la cabeza y dar carpetazo de una vez por todas al largo período de ayuno que se había autoimpuesto desde que entrase en el contenedor, que tomó la determinación de salir. Quizá también tuvo algo que ver el hecho que hacía varias horas que no escuchaba a un solo infectado merodeando por la zona. Ella aún no sabía que era precisamente la lluvia el motivo por el que los infectados se habían escondido, pero de igual modo le serviría.

Se dio media vuelta, hasta quedar bocabajo sobre aquél ingente montón de basura, la mayor parte de la cual estaba metida en bolsas, muchas de las cuales no estaban rotas, por fortuna, y levantó unos milímetros la tapa del contenedor. Se quitó un gran peso de encima al mirar en derredor y comprobar que no tenía compañía. Su visión no era de 360 grados, y bien podría haber un infectado esperándola en la acera opuesta, pero se armó de valor y salió de su escondrijo. Un vistazo más exhaustivo la convenció de que no había peligro inminente.

Sentía las articulaciones entumecidas por llevar tantísimo tiempo quieta, pero, pese a no estar vacunada, apenas tardó en recuperarse. Quizá su cuerpo era consciente de la necesidad imperiosa que tendría de salir corriendo si cualquier infectado se cruzaba en su camino, y no quería ponerle las cosas aún más difíciles. Huyendo del infectado se había desorientado, y ahora no sabía muy bien hacia dónde debía dirigirse para volver sobre sus pasos. Siguió su instinto, caminando hacia la esquina más cercana.

Durante su espantoso peregrinaje por las calles de Mávet, le llamó la atención una porción de acera que, pese a estar mojada igual que el resto, había adquirido un tono rosáceo. Tan pronto echó un vistazo hacia arriba y vio aquella mano sobresaliendo del forjado del balcón, lo entendió todo. Otra gota de sangre se desprendió del dedo índice y fue a parar a la misma porción de acera. Bárbara no quiso ni imaginar lo que podría haber pasado en aquél piso, y continuó calle abajo, cada vez más sorprendida al ver que ningún infectado se cruzaba en su camino, por más que avanzara.

Ella no fue consciente de los ojos escrutadores de un par de hermanos adolescentes que la vieron, a través del visillo de la ventana de la habitación de sus padres, a los que hacía una semana que no veían. La habían confundido con una infectada más. Ellos no eran los únicos vecinos de Mávet que se escondían como ratas en sus viviendas, pensando que manteniéndose alejados del peligro reinante en las calles podrían sobrevivir. Más tarde o más temprano, a todos se les acabaría la comida, o lo que era peor, la bebida, y tendrían que ponerse en peligro, y entonces la rueda de la muerte que habían detenido momentáneamente se pondría de nuevo en funcionamiento.

Otros ojos la observaban desde otras ventanas, tanto de viviendas como de locales, pero éstos eran de un color muy distinto. La observaban con rabia e impotencia por no poder echar abajo la barrera del pánico instintivo a tan ridícula inclemencia del tiempo y destruirla ahí mismo para darse el mejor festín con su cuerpo aún caliente.

Tardó mucho más de lo que hubiese deseado en llegar de nuevo a la entrada de Mávet, pero una vez lo hizo, desandar sus pasos por la carretera fue pan comido. Lo hizo al trote, cada vez más nerviosa. La lluvia había perdido intensidad, pero seguía cayendo incansable sobre sus hombros ya calados. Ella lo agradeció, en cierto modo, pues era consciente que debía apestar de un modo infame.

Cuando finalmente llegó al centro de acogida, el alma se le vino a los pies. Ya no es que no hubiera autobuses, es que no había un solo vehículo. Ni una sola persona deambulaba por la zona arreglando la valla u ofreciendo ayuda a otros supervivientes desamparados como ella. Ahí no había absolutamente nadie: el lugar estaba completamente desierto. Bárbara volvía a estar sola, abandonada a su suerte a merced de los infectados a los que hasta ahora había conseguido burlar, pero que más tarde o más temprano acabarían por darle caza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s