3×1155 – Fantasma

Publicado: 04/08/2018 en Al otro lado de la vida

1155

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

23 de enero de 2009

 

Ío ya se había desarmado, de idéntico modo a Bárbara. Ver a su amiga en semejante apuro le había hecho perder el sentido del juicio. En su mente se repetía una y otra vez la escena de la muerte de Marion con toda su crudeza. El mismo arma, empuñada por el mismo chalado sin escrúpulos. Zoe no moriría por su culpa.

Carlos maldijo a la niña. De no ser por ella, en semejante inferioridad de condiciones, podrían haber acabado con Héctor en un abrir y cerrar de ojos. De lo que no cabía la menor duda era que Zoe era un alma libre, que no atendía ni a órdenes ni a razones, que hacía lo que le venía en gana cuando le venía en gana, sin pensar en las consecuencias. Resultaba evidente que se había colado en la furgoneta y había llegado a Bayit con ellos, cual polizón, tal como hizo con el barco cuando Bárbara fue a buscar a su hermano. De ningún otro modo podría haber llegado tan rápido. El por qué de tal acción era un enigma para él, pero estaba convencido que esta vez sería diferente, que no tendría tanta suerte. Aquél hombre no tendría ningún tipo de compasión. Ni con ella ni con nadie.

Intentó pensar fríamente, aún con su arma en la mano, bajo la atenta mirada de ocho ojos inquisitivos que esperaban ansiosos que tomase una decisión. Si los tres hubiesen abatido a tiros a Héctor, probablemente Zoe no viviría para contarlo, pero ella sería sin lugar a dudas su última víctima. Aun estaba a tiempo de intentar atinarle en mitad de la frente y acabar con el problema de raíz, sin más bajas que la de la él, pero dudaba muchísimo que pudiera hacerlo lo suficientemente rápido como para que el cuello de Zoe siguiera de una pieza. Su puntería no era tan buena, aunque pensándolo fríamente, quizá esa era la mejor solución…

BÁRBARA – Carlos…

La mirada asesina que recibió por parte de la profesora no ayudó a que tomase la decisión más sensata. El grito de Zoe, al sentir la hoja del cuchillo hundirse en su cuello, sí. Tan pronto vio manar un hilillo de sangre del cuello de la pequeña, Carlos acabó abandonándose a la desidia e imitó a sus acompañantes. Estaba claro que no se lo merecía, pero el instalador de aires acondicionados no supo sentenciar a muerte a la pequeña, por más que se lo hubiese ganado a pulso. Levantó ambas manos, haciendo que el ex presidiario dejase de ejercer presión con el cuchillo en el cuello de Zoe, y dejó caer la pistola al suelo, consciente que de ese modo, no solo la estaba condenando a ella, sino a los cuatro.

Héctor sonrió abiertamente al ver acercarse la tercera y última pistola. Las cosas no habían salido tan mal, después de todo.

HÉCTOR – Sí… Sí. Así me gusta.

El ex presidiario dio otro paso al frente, y empujó con el pie el arma de Carlos, juntándola con las otras dos, en una pequeña parcela de suelo bien lejos del alcance de sus anteriores dueños. Le hubiera encantado poder coger una sin necesidad de soltar a la pequeña, pero disponer de un solo un brazo tenía sus inconvenientes. Él aún no sabía si había alguien más con ellos, y Zoe era lo único que les impediría acribillarlo a balazos sin contemplaciones.

Todo había pasado demasiado rápido. Excesivamente rápido. Tan pronto acabó de inutilizar las cuatro ruedas de la furgoneta escuchó unas voces distorsionadas por el eco en el interior del gimnasio y accedió a él sigilosamente. Al entrar, descubrió a la pequeña saliendo de los vestuarios del gimnasio. No le costó nada ocultarse tras unas colchonetas que había apoyadas contra una pared para evitar ser visto y atraparla por sorpresa. Su intención era la de matarla ahí mismo, por eso había desenfundado de nuevo su cuchillo favorito, pero entonces escuchó la voz de Bárbara ahí fuera, y la tentación de aprovechar la situación fue demasiado grande, de modo que forzó a la niña a salir de nuevo al patio, donde se encontró con aquellos tres idiotas.

BÁRBARA – ¡Tenemos un barco!

Héctor puso los ojos en blanco.

BÁRBARA – Te puedo llevar hasta ahí, y… te puedes llevar toda la comida que tenemos aquí, en el barrio. Toda. Tenemos mucha. Pero… por favor… no le hagas daño…

El ex presidiario negó con la cabeza. No estaban en condiciones de negociar. Él ya estaba en disposición de cuanto quisiera. Si seguían vivos, era únicamente por su divertimento.

HÉCTOR – ¿Me la queréis volver a jugar con un barco? ¿Yo tengo cara de subnormal?

Bárbara cayó en la cuenta de su error. Su mente hervía en busca de una solución al problema que tenía entre manos, pero era consciente que tal solución no existía. Nada de lo que dijese haría cambiar a Héctor de opinión.

BÁRBARA – Pues deja que nos vayamos nosotros, y quédate con la isla.

HÉCTOR – Basta de cháchara.

Un ruido proveniente del gimnasio, como el de algo pesado cayendo de una estantería, hizo que Héctor perdiera durante un segundo el hilo de su pensamiento y girase ligeramente el cuello hacia atrás. Zoe aprovechó la situación para intentar escabullirse. El ex presidiario apretó el cuchillo, pero tan solo consiguió rebanarle un buen pedazo del cuero cabelludo, prácticamente hasta la nuca, y el lóbulo de la oreja. Zoe jamás podría volver a ponerse un pendiente ahí, aunque hacía más de un año que no lo hacía.

La niña agarró a Héctor del hueco poplíteo de su pierna derecha y le hizo perder el equilibrio, tirando con fuerza hacia sí. Éste cayó al suelo de espaldas, golpeándose la cabeza contra el duro cemento. Aún algo aturdido, ya sin el cuchillo en la mano, pues lo había perdido durante la caída, agarró a Zoe del tobillo, y la hizo caer de bruces al suelo. En un hábil movimiento, rodó sobre sí mismo y alcanzó una de las pistolas que había en el suelo, apuntó a la pequeña de la cinta violeta en la muñeca y disparó sin contemplaciones. Lo hizo un instante después que Bárbara se abalanzase sobre ella para protegerla.

La bala impactó en el pecho derecho de Bárbara, abatiéndola y haciéndola caer al suelo cual fardo de patatas, donde quedó inmóvil, con los ojos perdidos. Zoe se abalanzó hacia ella y se arrodilló a su lado, llorando, tratando de averiguar si seguía con vida. Ambas sangraban profusamente.

Héctor se puso en pie, colocándose entre ellas y las otras dos pistolas, respirando agitadamente bajo la atenta mirada de Carlos e Ío, que no se habían movido ni un milímetro desde que se desarmasen, y les retó con la mirada. Estaba increíblemente excitado y más furioso que nunca.

HÉCTOR – ¿Alguien más quiere hacerse el valiente?

Carlos e Ío agacharon la cabeza, avergonzados.

HÉCTOR – Te juro que sois lo puto peor que me he encontrado en la vida. ¡Dios mío! Es que no… Es que no… ¡Ah!

Héctor dio un paso hacia Zoe, que seguía velando a Bárbara, que sangraba profusamente por la herida de su pecho. La niña lloraba desconsoladamente, ajena al peligro que se cernía sobre ella. No salió de su ensimismamiento hasta que notó cómo Héctor apretaba la pistola contra su sien. Ío gritó, sin parar de llorar: estaba al borde de un ataque de nervios. Zoe se abrazó a Bárbara y cerró los ojos, consciente que había llegado su final.

Carlos sabía que no podía hacer nada por evitarlo, pero fue incapaz de quedarse de brazos cruzados. A duras penas alcanzó a hacer el amago de salir a la carrera hacia ahí, y ello hizo que Héctor demorase el momento de la inevitable muerte de Zoe. Sus miradas se cruzaron al mismo tiempo que Carlos frenaba en seco, con una extraña expresión en el rostro. Viéndole, cualquiera podría haber jurado que acababa de ver un fantasma. En cierto modo, así era.

Héctor no tuvo ocasión siquiera de acabar de girarse antes que Morgan le arrollase. Ambos pisotearon a Bárbara y a Zoe, tropezaron y cayeron rodando un par de metros más allá.

De igual modo que cuando se conocieron, Morgan volvía para salvar a Zoe del ataque de una serpiente carente de escrúpulos que pretendía acabar con su vida. Aunque esta serpiente era más pequeña, resultó ser mucho más peligrosa.

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comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Me cago!
    Ahora entiendo el tweet!

    Mil gracias por la mencion, Lord Villahermosa.

  2. Beth dice:

    Morgan??? Ni me lo creo. Que bueno, me dejas con la boca abierta. 👏👏👏 Perdón, por el spoiler si no han leído aún.

  3. Betty dice:

    Wow!! El capítulo de hoy es memorable 😃👏👏

  4. Angela dice:

    Maravilloso!! excelente capitulo, gracias David!! por fin apareció Morgan al rescate, aunque no se como regreso Zoe, se con quien estaba en el gimnasio.

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