1×023 – Inminente

Publicado: 25/03/2011 en Al otro lado de la vida

23

Frente al aeropuerto internacional de Sheol

16 de septiembre de 2008

Adolfo se arrodilló junto a su esposa, que le miraba con una leve sonrisa, tratando de quitar hierro al duro golpe que acababa de recibir. Le cogió la mano y observó detenidamente la herida de la muñeca. No parecía muy grave, y ahora apenas sangraba, pero eso no le quitaba importancia, pues la había hecho uno de esos monstruos, y solo Dios sabría la cantidad de gérmenes que podría tener en su saliva. El resto de las heridas parecían peores. Daba la impresión que le hubiese pasado por encima un ejército entero, y en cierto modo así había sido. Ahora a Paola bien poco le importaban sus heridas o el mordisco, había otra cosa que hipotecaba al cien por ciento su cabeza.

PAOLA – ¿Dónde está Zoe?

ADOLFO – Tranquila, ella está bien. Está a salvo con una gente que nos ha ayudado. Ahora lo que me preocupa es como estás tú.

PAOLA – He tenido días mejores.

ADOLFO – Pero… ¿Qué te ha pasado?

PAOLA – Un bruto me empujó y caí al suelo. Se me resbaló la mano de Zoe con uno de los empujones, y traté de buscarla, de buscaros, pero enseguida empezó a pasarme por encima un montón de gente.

ADOLFO – Maldita sea. ¿Y esto?

Adolfo señaló el mordisco. Paola se lo acercó a la cara para verlo mejor, e hizo una mueca de dolor. Su marido la observaba en silencio, sin saber qué hacer o qué decir.

PAOLA – Cuando se despejó esto un poco, me levanté, y me encontré de bruces con uno de esos…

ADOLFO – ¿Al que mató aquel hombre?

PAOLA – Si… Lástima que lo hiciese después de que me mordiera.

ADOLFO – ¿Pero como lo hizo?

PAOLA – Me estaba levantando y se abalanzó sobre mí, traté de zafarme pero tenía mucha fuerza. Estaba tratando de morderme en el cuello, y yo puse el brazo en medio para que no lo hiciese, pero así solo conseguí que me mordiese en el brazo. Luego vino ese hombre y lo atrajo hacia sí y le disparó…

ADOLFO – Tenemos que volver a casa a curarte esto.

PAOLA – Pero…

ADOLFO – Cállate. Haz el favor de callarte. No digas nada.

Ambos sabían muy bien que Paola no se recuperaría. Lo habían escuchado docenas de veces por la televisión, antes de que dejaran de emitir. Las mordeduras o el contacto con la sangre de esos seres resultaba fatal en la enorme mayoría de los casos, y éste no tenía porque ser diferente. Adolfo quería convencerse de lo contrario, quería creer que curando las heridas su mujer ella recuperaría la salud y volvería a ser la de antes, pero esa era una posibilidad demasiado remota y había que comenzar a asumir la cruda realidad. En cualquiera de los casos, su sueño de ir a un lugar mejor se había truncado, al menos por el momento. Ahora la prioridad era que Paola se recuperase, si es que eso era posible.

Ambos sintieron una enorme rabia al ver en qué había desembocado su ambiciosa misión. Se dijeron que no podría haber resultado peor, pero ambos sabían que eso no era cierto. Zoe seguía sana como una manzana, y eso era lo que más les preocupaba a ambos por ahora. Sonaban voces alrededor, de gente en situación similar a la de Paola, que pedían ayuda al aire. Hicieron oídos sordos; no podrían ayudarles a todos. Eso aún les hizo sentirse más ruines, pues sabían que se irían sin socorrer a nadie. De lo contrario podría llegar otro de esos monstruos y acabar de destrozar todo en lo que se amparaban para seguir luchando.

ADOLFO – Tenemos que volver a casa a curarte eso.

PAOLA – Yo…

ADOLFO – No digas nada, cariño.

PAOLA – ¿No prefieres que vayamos a otro sitio…?

ADOLFO – Tú misma lo dijiste, no hay ningún lugar seguro. En casa estaremos bien, hasta que te cures. Luego… ya pensaremos en algo.

Adolfo notó que alguien le estiraba de la manga. Al volverse, vio que Zoe le miraba, tratando de alejar la mirada de su madre, pues le resultaba muy difícil digerir lo que le había pasado. Llevaba el maletín negro que Adolfo había soltado en cuanto comenzó la estampida. Momentos antes, la mujer y el chico de la furgoneta, que eran madre e hijo, los últimos supervivientes de su familia, la habían traído cerca de su padre para luego devolverse a su coche y dar media vuelta. Habían preferido no entrometerse más, al ver como estaba la madre de la niña, asegurándose no obstante que ésta estuviera a salvo en todo momento. Ahora estaban ya muy lejos de ahí.

Zoe se había despedido de ellos simplemente con un gesto de su mano, pues no había abierto la boca en todo el día. Al ver a su padre junto a su madre herida, había sentido la necesidad de alejarse, y al ver en el maletín una excusa para hacerlo, había ido en su busca. Lo había reconocido en el suelo, no muy lejos de ahí, y se lo había traído. Adolfo lo miró y miró la cara inexpresiva y seria de su hija. Ahora de bien poco le serviría todo ese dinero. Ni todo el dinero del mundo podría paliar el dolor que habían sufrido y que de bien seguro seguirían sufriendo.

ADOLFO – Da igual, hija. Eso ya no tiene importancia. Ahora tenemos que volver a casa a cuidar de mamá.

Zoe asintió, y volvió a dejar el maletín en el suelo, doblando ligeramente las rodillas. Se acercó a su padre, y se mantuvo a su lado mientras él agarraba en brazos a su madre, y la llevaba de vuelta al coche. En el camino de vuelta tuvieron que ir sorteando a los heridos, luego ir zigzagueando entre los coches de igual modo que lo hicieran al ir. Pero había una diferencia considerable entre ese momento y el actual, pues ahora estaban prácticamente todos los coches vacíos. Durante el camino, hubo un momento en el que Paola reconoció el coche en el que llevaban a aquella mujer anciana y enferma. Los cristales estaban tintados de rojo, y de su interior salía un extraño murmullo que hizo que Adolfo se apartase y acelerase el paso. Poco más tarde llegaron de nuevo al coche y tomaron asiento, en silencio. La vuelta a casa se llevó a cabo sin ningún incidente.

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comentarios
  1. Akira22 dice:

    T_Tprimeras lagrimas …T_T pobre niña

  2. Caterinaboop dice:

    Adolfo se apartase acelerase y el paso. (un pequeño cambio de orden, porfa). Por lo demás, todo sigue muy interesante.

    • Muchísimas gracias de nuevo. Esta es el paradigma de las que se pasan de largo si lees rápido y no hay manera de detectarla sin una nueva relectura. Gracias por estar tan atenta 😉

      David.

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