1×011 – Acorralada

Publicado: 22/03/2011 en Al otro lado de la vida

11

                        Piso del señor y la señora Soto

29 de septiembre de 2008

 

Llegó al portón acristalado del balcón al tiempo que la puerta de entrada chocaba violentamente contra la pared y entraban atropelladamente en la casa tres hombres y una mujer. Pasó al balcón y cerró el portón a su paso, viendo al hacerlo como dos de ellos corrían en su busca. Los otros dos, al oír el ruido de los golpes de la señora Soto, se dirigieron hacia el pasillo de las habitaciones. Con la impresión había perdido el cuchillo, que ahora descansaba en la alfombra del salón; volvía a estar desarmada, aunque sabía que de poco le serviría un cuchillo en esas circunstancias. El primero de los dos se estampó contra el vidrio y adoptó una extraña cara de sorpresa, sin llegar a perder el equilibrio. Al verle, el otro frenó y les observó a ambos alternativamente, viendo cómo el vaho de sus alientos se posaba en la fría superficie del cristal.

            Bárbara les miraba, a sabiendas de que no tardarían nada en romper el cristal, tratando de convencerse de que lo más sensato sería saltar y olvidarse de todo para siempre. Miró al vacío, y eso acabó de convencerla de que no había alternativa, de que su destino sería el mismo escogiese el camino que escogiese, envidiando en cierto modo al señor Soto. Ahí abajo se habían congregado siete u ocho de esos monstruos, y no tardarían en sumarse más y más, siempre pasaba.  Estaban esperándola, como leyendo sus pensamientos, invitándola a tirarse con unos extraños gritos primitivos. Bárbara vio cómo los dos que había tras el cristal la miraban sorprendidos, pero curiosamente no ansiosos. Uno de ellos tocaba el cristal con la palma de las manos, sin entender que extraña fuerza sobrenatural le impedía pasar al otro lado.

            Bárbara les miró con el ceño fruncido, y se dijo que no debía dejarse matar por unos seres tan estúpidos como esos. Miró a un lado y a otro, pero tan solo encontró media docena de plantas marchitas, un conjunto de mesa y silla de picnic, de plástico blanco, y una bicicleta azul colgada de la pared. Miró a sus perseguidores. Ahora eran los dos los que trataban de cruzar el cristal sin comprender lo que era, como tratando de imitar a un mimo macabro, lo cual hizo aflorar en Bárbara una risa nerviosa. Se alejó de la puerta, confiando que así la olvidaran, sabiendo perfectamente que no lo harían, y llegó al otro extremo del balcón.

            Como caídos del cielo, vio unos cables, blancos y negros, prácticamente una docena, que emergían de un lugar indeterminado del tejado y se distribuían por las viviendas a medida que bajaban. Cables de teléfono, de televisión, del satélite, todos ellos inútiles a esas alturas, o  tal vez no tanto. Tan rápido le vino la idea a la cabeza, luchó por alejarla, tachándose de loca tan solo de pensarlo. Miró de nuevo el portón de cristal y la calle ahora algo más concurrida, y acabó por decidirse. No sabía si podrían soportar sesenta kilos, pero todo indicaba que se trataba de su única alternativa.

            Agarró el manojo de cables, y estiró fuertemente, como si tratase de arrancar de raíz unas malas hierbas. Por suerte o por desgracia, aguantaron. Era demasiado peligroso, puesto que con el más mínimo resbalón caería desde una altura de seis pisos, y serviría de almuerzo a media ciudad. Además, no era una buena atleta, y no las tenía todas consigo de que pudiera aguantar su propio peso y escalar hasta arriba. Todavía estaba pensando si lo haría o no, cuando la cristalera del balcón estalló en mil pedazos, eso acabó de convencerla. Al parecer, los dos que se habían distraído con los golpes de la señora Soto, habían vuelto. Uno de ellos, al tratar de salir al balcón y no ver el cristal, se lo había llevado por delante.

            Cientos de diminutos trozos de vidrio se desperdigaron por el suelo del balcón y cayeron a la calle, golpeando a más de uno de los que esperaban abajo. Bárbara, agarrada fuertemente a los cables, subió a la barandilla, obligándose a no mirar abajo, contenta en cierto modo de no padecer de vértigo. Se disponía a impulsarse para subir finalmente, cuando uno de ellos la agarró fuertemente de la cadera, casi haciéndole perder el equilibrio. Bárbara se agarró con más fuerza a los cables y trató de zafarse de él pateándole el estómago. Rápidamente se le sumaron los otros tres, y uno más de los que estaban por las escaleras entró el balcón, al tiempo que ella subía frenéticamente por el cable, repartiendo patadas a todo lo que se le ponía por delante, sorprendida de la fuerza y la entereza que estaba demostrando tener.

            Cuando prácticamente estaba fuera del alcance de todos esos demonios, uno de ellos la agarró de una bamba, y estiró con fuerza, obligándola a aferrarse a los cables, incluso quemándose un poco la palma de las manos con la fricción. Los demás tanteaban ansiosos con las manos hacia donde ella estaba, peleándose entre ellos para conseguir el primer bocado. La bamba cedió, y quedó en manos de ese hombre. Había apurado tanto por cogerla, asomándose más de lo debido a la barandilla, que acabó perdiendo el equilibrio y cayó al vacío, sin soltar la bamba en su recorrido. Bárbara subió un poco más, consiguiendo así alejarse finalmente del campo de acción de los demás, y miró un momento abajo, justo a tiempo de ver cómo ese ser se estrellaba contra el suelo.

            Tan pronto cayó, bocabajo, se comenzó a alzar, lentamente. Bárbara no pudo evitar seguir mirándole. Se levantó algo mareado, con la nariz rota, chorreándole sangre, todavía sosteniendo la bamba en una de sus manos color violeta pálido, y como si no hubiera pasado nada, tan solo haciendo una imitación barata de un borracho, se unió a los demás que la esperaban abajo con los brazos abiertos. Bárbara se creyó dentro de una broma macabra. Nadie podría haber sobrevivido a tal caída, pero resultaba evidente ese hombre poco tenía ya que ver con la persona que fue antes de entrar en contacto con ese virus fatal. Para ellos, la vida y la muerte no se regían por las mismas leyes.

            Siguió escalando, acompañada de los gritos y gruñidos de tantos como querían alimentarse de su joven y sonrosado cuerpo, y acabó alcanzando el suelo del tejado. Entonces soltó los cables, y se agarró a la barandilla metálica que circundaba toda la cubierta, subiendo hasta arriba, posando de nuevo sus pies en tierra firme, exaltada, con la respiración entrecortada por el esfuerzo. Cuando creía haber superado la peor parte, vio que de la puerta que daba a las escaleras, emergía una mano, que agarró la puerta. Una mano pálida, con las uñas negras y las venas marcadas.

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comentarios
  1. ShadowGhost333 dice:

    espera….si el zombi cayo y se dio de cabeza no tendria que haber sufrido daños cerebrales o haberse abierto la cabeza de todas formas deberia haber muerto ¬¬

    • Con esta escena pretendo dar a entender que son mucho más fuertes y resistentes que el común de los mortales, pese a que perfectamente como tú dices, con ese mismo golpe y algo menos de fortuna, podría haberse abierto el cráneo y haber perecido perfectamente.

  2. Akira22 dice:

    pero es que no encontrara nunca descanso esta niña??? T_T que tensión por dios

  3. Kanen dice:

    los zombis no respiran ni tienen vaho. Están muertos. ¿A santo de que viene llamarle bamba a unas zapatillas y alguna frase incomprensible?. Podrirse se dice pudrirse y te repites un montón con tanto ahí y alguna cosilla más. Crítica constructiva. Cuidar el lenguaje no es hacerlo vulgar

    • Muy buenos días, Kanen sin Hache.

      Ante todo agradecer la molestia que te has tomado en brindarme este comentario. Tengo una duda que quizá puedas satisfacerme: ¿Utilizaste el seudónimo “Rick Grimes” en otra web haciendo referencia a esta obra? Obtuve una crítica bastante parecida a la tuya ahí y tenía curiosidad por conocer a su autor.

      Agradezco encarecidamente tus sugerencias, y procedo a ofrecerte mi valoración al respecto:

      Lamentablemente, esta no es una novela de zombies. Los personajes violentos que ves han sido infectados por un virus que les hace actuar así, pero ni están muertos, ni se pudren, ni dejan de respirar en ningún momento, porque si no morirían. Están tan vivos como tú y como yo. Si te fijas, jamás he utilizado la palabra zombie en toda la novela.

      Al respecto de tu segunda mención, me has hecho despertar una duda bastante grande. La RAE acepta la palabra “bamba”, y en la zona de España donde yo vivo todo el mundo la utiliza con total normalidad para referirse a una “zapatilla”. De hecho, aquí una zapatilla es el calzado que se usa para andar por casa, la segunda acepción que admite la RAE, y a lo que tú llamas zapatilla nosotros lo llamamos bamba (o deportiva). Sin embargo, y porque no es la primera vez que me pasa, soy consciente que hay palabras que pese a ser correctas como tales, su uso está muy concentrado en una parte muy concreta del país, por lo cual resulta extraña al conjunto. Y al fin y al cabo, yo escribo para el conjunto de los hispanohablantes, por lo cual invito a los demás lectores a que me ofrezcan su punto de vista, y si coincide con el de Kanen sin Hache, no dudaré un momento en corregirlo, y sustituir cualquier mención a una bamba por una zapatillal en el conjunto de la obra. Muchas gracias por tu aportación. 🙂

      Lo de la frase incomprensible debería revisarlo de nuevo a conciencia. Sí que es cierto que al hacer reiteradas relecturas de la novela, en infinidad de ocasiones hago modificaciones y correcciones sobre el texto, para conseguir un resultado más correcto. Sin embargo el texto aún no ha sido corregido como tal por un profesional de la materia, por lo cual aún admite muchas de esas correcciones. Quiero creer que a medida que avanza la novela, también he avanzado yo como escritor, y esos fallos van moderándose, pero eso no soy yo quien debe juzgarlo. Lo que sí tengo la firme convicción de hacer, no tardando mucho, es ofrecerle la obra a un corrector para evitar esos fallos que mencionas y poder ofrecer un material de mejor calidad.

      Lo de “podrirse” es un catalanismo puro y duro, y al tratarse de un error, primero pido disculpas y segundo prometo corregirlo, y agradezco mucho que lo menciones. Ser catalán viene de regalo con una lacra muy importante del lenguaje al haber nacido en una zona bilingüe del país, en la que ambos idiomas son prácticamente idénticos, lo cual hace que los errores de traducción de palabras que son casi iguales en los dos idiomas estén a la orden del día, incluso en el lenguaje oral. Pero eso no es excusa para cometer errores, sino un motivo para esforzarse aún más por corregirlos, por lo cual prometo tenerlo en cuenta en adelante y corregir cualquier otro fallo como ese que haya en el conjunto de la trilogía.

      He observado críticamente mi uso de la palabra “ahí” en el transcurso de la novela motivado por tu comentario, y si bien es cierto que en el segundo tomo se suaviza muchísimo, en estos primeros capítulos hace incluso daño a la vista. No me había dado cuenta, y te agradezco que lo señales. De unos años acá, el no repetir palabras en la misma frase, e incluso en el mismo párrafo, se ha vuelto casi una obsesión en mi manera de escribir, sin embargo está claro que cuando empecé a escribir la novela, no estaba tan pendiente. Gracias por señalarlo. En breve procederé a hacer una revisión dirigida a corregir ese fallo, e intentaré averiguar a partir de qué momento empecé a corregir ese mal vicio.

      Las críticas constructivas son de las que más se aprende, por lo cual agradezco que hayas sido tan duro, porque ello me ha permitido darme cuenta de muchos fallos que se me habían pasado por alto, y tu aportación ha hecho crecer a esta obra a la que tanto aprecio le tengo. Muchísimas gracias por tu ayuda. 😉

      David.

  4. Betty dice:

    Suscribo la explicación de David; referente a zapatilla y bamba, yo vivo en Andalucía y él concepto es el mismo !!
    Por lo demás si son criticas constructivas bienvenidas son…….

    Betty

    • Tomaré en consideración también tu opinión, puesto que vives en la otra punta de España en lo que a mi respecta. No obstante, estoy abierto a más valoraciones de dicha palabra, para obtener una visión más global y poder tomar una decisión. ¡Gracias!

      David.

      • Josetxu dice:

        aqui en las vscongadas no se usa la palabra bamba, se usa zapatillas “de casa” “deportivas” “de monte”
        un saludo

        • ¡Qué ganas me dan de viajar al País Vasco cada vez que te oigo hablar de tu tierra, Josetxu! Es uno de los sitios de España que no he visitado a los que más ganas le tengo. 🙂

          Gracias por tu aportación. Creo que acabaré cambiándolo, porque pese a no ser literalmente un error, sí es cierto que una acepción más universal hará que el libro también lo sea, y resulte más correcto.

          David.

  5. Javivi dice:

    Lo mismo de bamba. No se entiende en la mitad de españa. Soy de Galicia y se usa la palabra “tennis” o zapatillas de deporte. ¡Vamos! que yo creía que era latino. y lo de tanto decir “ahi” lo suscribo es un tanto cansino. Lo del vaho es anecdótico y un pequeño fallo de principiante. Fallo de no usar un diccionario de sinonimos y antonimos. Saludos

    • ¡Saludos cordiales Javivi!

      Al respecto de las bambas: no hay más preguntas, señoría. Está claro que si bien es de uso habitual en algunas zonas de España, en otras resulta demasiado chirriante como para darle cabida en una novela que puede leer cualquier hispanohablante, por lo cual me comprometo a hacer un barrido de dicha palabra en toda la obra para sustituirla por “zapatillas de deporte”, que me parece un término mucho más universal.

      Estoy en proceso de reclutar a una filóloga hispánica jubilada que conozco para que me haga la revisión profesional del texto. La profusión de “ahí”es la tengo en mi lista de tareas pendientes para revisarla yo mismo en cuanto tenga un hueco, y averiguar cuánto más tiempo pasó en la novela hasta que corrigiese ese mal vicio.

      No entiendo del todo tu mención al vaho. Kanen sin Hache hacía referencia a su mal uso ya que un zombi no respira, pero mi novela no va de zombis, por lo cual entiendo la crítica como lógica y normal de alguien que acaba de empezar a leer y desconoce ese dato. Pero tú no sé a qué te refieres. :S

      ¡Gracias por comentar! 🙂

      David.

      • javivi dice:

        Joer. Si no lo hubiese visto con mis propios ojos, hasta me harias hasta dudar de ello.
        Dices que son infectados, que no estan muertos,por lo tanto no son zombies, Ok
        entonces no entiendo ni jota. Se supone que tu lo has escrito “entre comillas”:

        “viendo como el vaho de sus alientos se posaba en la fría superficie del cristal”

        -si tiene vaho, respira, en buena logica se entiende que está vivo

        “Nadie podría haber sobrevivido a tal caída, pero claro, ese hombre no estaba vivo, no en el sentido estricto
        de la palabra, puesto que hacía ya unos días que había muerto”.

        -pero si esta muerto y aún asi se mueve, come carne humana e infecta a los que muerde, además de ser un poco
        complicado de matar. ¿que es en ese caso si no un zombie?.

        -Por si no fuera suficiente. Ahí está el propio título del libro para confirmar la muerte
        Y hay más:
        cuando mueren los padres de Zoe y,…sigue contando

        Si me dices que tiene su lógica y me explicas el nuevo concepto de muerto viviente, a lo
        mejor los que somos menos espabilados que el resto de los mortales lo podemos entender. Para algunos
        no deja de ser una incongruencia tan visible como un norme pino californiano creciendo en pleno desierto marciano.
        Lo que me lleva a preguntarte y que no te moleste. ¿has escrito tú solo el libro o lo ha hecho otra persona por ti?
        Un saludo a todos.

        • SPOILER ALERT

          Para acercar al lector a la experiencia dramática de la lectura, voy dando la información con la cadencia y el ritmo que considero oportunos para que resulte lo más inmersiva posible, no contándolo todo de entrada, ofreciendo la información al ritmo y con el timing que considero oportuno para que el disfrute sea el óptimo. Y jugar con esa ambigüedad que tú señalas como un error me pareció muy oportuno para esta primera etapa, cuando el lector que desconoce de qué va la historia puede hacer una y mil elucubraciones que la propia trama acabará echando por tierra o confirmando. No sólo lo he hecho con esto, lo hago continuamente, y muchos lectores disfrutan con ello, porque les hace involucrarse más con la lectura.

          Al respecto de todas y cada una de tus afirmaciones, voy a darte la mejor respuesta que sepa y pueda, adelantándote esa parte de la trama que se explica gradualmente más adelante para que la puedas juzgar con todas las cartas sobre la mesa:

          Una persona sana que se infecta de dicho virus, comienza a enfermar (no te voy a adelantar el motivo, porque este comentario está hecho en un capítulo muy temprano, y lo puede leer cualquier otra persona a la que no quiero quitar la magia de la lectura, al menos no más de lo estrictamente imprescindible para saciar tu duda). Enfermará más y más hasta que su cuerpo no pueda soportarlo más y acabe falleciendo. Muere. Al cabo de un tiempo, Unos segundos, unos minutos, unas horas, eso es algo muy flexible que depende de cada persona, el propio virus activa de nuevo las funciones motoras, da vida al corazón y resucita a la persona en cuestión, que vuelve a la vida, y deja de estar muerta. Durante el proceso entre la muerte y la resucitación, el cerebro se le ha hecho caldo y el huésped ha olvidado quien era, y el virus le produce un cambio generando unas dosis de adrenalina y otros químicos que le vuelven extremadamente violento. Tú mismo lo has visto en 28 días después, ahí he de reconocer que no he inventado nada nuevo, aunque en el momento de plantear cómo incluir la infección en la novela, le di algunas vueltas más, y si sigues leyendo más adelante, verás que hay diferentes variantes que dan bastante juego.

          Ya lo decía Enjuto Mojamuto al final de su vídeo más célebre, al que ya he perdido al cuenta de cuántas veces he enlazado en el blog. Yo no lo podría haber dicho más claro con menos palabras.

          A modo de garantía de mis palabras, te voy a transcribir un retazo de un capítulo en el que se narra de manera natural y en el momento en el que yo consideré oportuno como autor, a mitad del primer tomo, la duda que tú mencionabas, que corresponde al capítulo 161:

          MIGUEL – La doctora Lea Martín, como todos sabrán, asocia ese comportamiento a los altísimos niveles de adrenalina que el virus genera continuamente. Los centros Kusuri de Japón publicaron ayer un estudio que demuestra que eliminando por completo la adrenalina del organismo de una persona afectada, su naturaleza violenta se mantiene intacta. Mi opinión, es que el virus corrompe la sangre, que es por donde se propaga, y ésta a todo el cuerpo. Sea lo que sea que lleve dentro, no creo que exista cura alguna.
          ROSA – No parece muy optimista.
          MIGUEL – A día de hoy no creo que haya motivos para serlo.
          ROSA – Bueno… En lo que respecta a la capacidad de razonamiento de los afectados… Usted gusta de llamarlos infectados, aunque tal vez sería mejor llamarles z…
          MIGUEL – ¡No!
          ROSA – ¿Cómo dice?
          MIGUEL – No le tolero que utilice ese término. Se viene oyendo demasiado por los medios últimamente, y de verdad, me enfurece.
          ROSA – En cierto modo… los que los llaman así tienen parte de razón, ¿no cree?
          MIGUEL – En absoluto. Por el amor de Dios, ellos son personas igual que usted y que yo, y están vivos, igual que usted y que yo. Lo único que les diferencia de nosotros es que han abandonado el raciocinio, y se dejan llevar por el más puro instinto.
          ROSA – Pero… ya no son personas.
          MIGUEL – ¿Usted no ha perdido a nadie los últimos días verdad?
          ROSA – No estamos aquí para hablar de mi vida.
          MIGUEL – Es más. En el sentido estricto de la palabra, está de más llamarles así porque en el virus no hay rastro alguno de tetrodotoxina. Y alejándonos del sentido literal de la palabra, todavía está más fuera de lugar llamarles de ese modo. Por el amor de Dios, son… enfermos.
          ROSA – Lo que resulta innegable es que son muertos vivientes, ¿no es cierto?
          MIGUEL – Lo son, tanto como lo sería una persona a la que se ha devuelto el latido del corazón mediante un masaje cardíaco. De hecho, es algo muy parecido a eso, una fuerte descarga, lo que provoca el virus en el cuerpo de los infectados, cuyos corazones dejan de latir durante unos minutos. Según su teoría, mi madre, que ha superado un infarto, es una muerta viviente.
          ROSA – No saque las cosas de quicio.
          MIGUEL – No creo que un debate sobre cómo debemos o no llamarles sea lo que nos deba ocupar esta mañana. Yo prefiero llamarles infectados. O enfermos. Al fin y al cabo, es un virus, no muy diferente al de la gripe, el que les afecta. Si usted es más feliz llamándoles de ese modo tan… peliculero, allá usted, pero le invitaría que no lo hiciera en lo que dure esta entrevista.
          ROSA – Si… Bueno, volviendo al tema que nos ocupa… En lo que respecta a la capacidad de razonamiento…

          Un infectado puede morir por traumatismos o por asfixia, y dicho virus, siempre que el deterioro no sea del todo irreversible (como la amputación de la cabeza o un disparo al corazón), le devolverá a la vida tantas veces como sea necesario, contraviniendo las leyes de la lógica orgánica. No olvidemos que estamos hablando de ficción.

          El título de la novela (y el subtítulo de las tres) es un juego de palabras que se explica aproximadamente calculo que en el capítulo 1450, así que como comprenderás, no te voy a hacer ningún spoiler xD, por respeto a los demás lectores, pero sí te puedo adelantar que no es algo baladí o un error arrastrado de largo. Es una decisión firme para que el lector, llegado el momento diga “anda, vaya hijo de la gran puta” refiriéndose a mi.

          Lo que le ocurre a los padres de Zoe es literalmente lo que he explicado más arriba. Enfermedad, muerte y resucitación. El padre de Zoe lo utilicé como recurso para dar a entender al lector que aunque el huésped del virus no hubiera tenido tiempo de enfermar, el mero hecho de morir acelera el proceso y puede pasar a ser un infectado en tiempo récord.

          Para mi ficción he tomado unas decisiones concretas, y son las que te expongo más arriba. En The Walking Dead (al menos que yo recuerde) no se ha utilizado ni una sola vez la palabra zombie (al igual que en mi novela), y no he visto a nadie que se llevase las manos a la cabeza por ello.

          Por suerte o por desgracia, soy el único autor de esta novela. Hay lectores en este blog que la siguen desde hace más de cuatro años, que pueden darte buena cuenta de ello.

          Por cierto, ayer vi que alguien pasaba por los primeros 40 capítulos del primer tomo. Presumo que hubieras podido ser tú, aunque quizá me equivoque (no sería la primera vez que me pasa últimamente, que se lo digan a Sarah xD). Los capítulos del 41 en adelante, los deshabilité temporalmente, hasta mediados de marzo, para poder participar en un programa de promoción de Amazon. Si te apeteciera seguir leyéndola gratuitamente, eso lo dejo a tu libre albedrío, envíame un correo a elvillahermosa@gmail.com y te buscaría una solución hasta que pueda volver a habilitar dichos capítulos en el blog de aquí un mes y medio.

          Gracias por molestarte en comentar, Javivi.

          P.D.: Nunca llegué a entender a qué te referías con lo del diccionario de sinónimos y antónimos.

          David.

  6. Javivi dice:

    Ok, en eso. Pero si es asi le has fastidiado igual el argumento a los futuros lectores. Por mas que los de28 días despues te comento, son infectados y no muertos. podías harme dicho que siguiera leyendo y esperara a opinar, que mas tarde que habría sorpresas. El tuyo es un concepto nuevo, infectados-muertos-revividos-antropófagos, Ok. Vas a tener que entonces buscarles un nuevo nombre inédito si no se lo has buscado ya. Por lo de el diccionario no te inquietes, es que por ahí vi alguna definición que no me cuadró, no se cual. Ahora no voy a volver atras a releer para ver cual es. No te preocupes por el libro. Ya lo tengo, esperare a que salga el segundo. Un saludo

    • Saludos cordiales, Javivi.

      Gracias a tu observación le he incluido un “SPOILER ALERT” a dicho comentario. Esa información no sería motivo de extremo destripe de la trama, pero nunca está de más. 🙂

      Me ha parecido especialmente acertado tu aporte a cómo llamarles. En mi ficción se les conoce como infectados, porque todo viene radicado en el contacto con un virus que les vuelve así. Sí que es cierto que en mi caso sí hay SIEMPRE el filtro de la muerte entre la infección y la transformación, a diferencia de 28 días después. En ese aspecto se parece más a The Walking Dead, porque ahí sí que ha de morir el huésped, aunque ahí está todo el mundo infectado como punto de partida y aquí primero tienen que infectarte de una manera u otra de sí o sí, si se mueren limpios no les pasa nada. Lo que sí puedo decirte, pues la información que te he dado es la mejor que te podía dar en esta etapa tan temprana de la novela, para no romper la magia, es que el cómo y sobre todo el por qué de que deban morir, se explica más adelante, pero mucho más adelante. Sólo te he ofrecido una parte de la información. De hecho, ninguno de los lectores lo sabe aún a ciencia cierta, (por más que he puesto ya muchas cartas sobre la mesa para que saquen sus conclusiones) porque ocurre bastante avanzado el tercer tomo. Es una apuesta muy fuerte de la ficción, que llegado el momento confío que sirva para que el lector quede satisfecho al comprobar que todos los hilos sueltos acaban encajando con suavidad.

      En este tipo de historias siempre me ha inquietado, personalmente, que el autor nunca se moleste en decir de dónde viene el “virus” de turno. En ese caso 28 días después es más la excepción que la regla, dada su magnífica escena introductoria. Yo sí lo abordo, el capítulo 14 ya lo avanza de manera voluntariamente muy vaga, pero es mucho mucho más adelante cuando queda realmente claro, y es una voluntad de la ficción por dar la información en el momento clave, de manera que el lector tenga conocimiento de ese dato al mismo tiempo que los propios personajes. Está todo pensado y atado, y confío que si te animas a seguir leyendo, dicha información pueda hacerte sentir satisfecho con la resolución. Al fin y al cabo, es ficción, y mi mayor interés en la novela es enfatizar el drama de los personajes, sin lugar a dudas. Que hubiera infectados o no, es algo que incluso llegué a plantearme antes de empezarla, pero era tanto lo que podía aportarme en cuanto a ritmo, que al final me animé.

      Empecé a escribir esta trilogía con sólo dos libros escritos a las espaldas, y por más ganas que le ponga, soy consciente que aún me queda un largo camino por delante. No soy un autor de una larguísima trayectoria (lo que no me quita ninguna responsabilidad frente a los errores que cometa en mis escritos), y quiero creer que si sigues leyendo, verás que muchos de esos errores se van puliendo paulatinamente a medida que yo también he evolucionado como autor y he aprendido de ellos, pues esta es una trilogía muy extensa, con la que llevo más de siete años, y entre estos primeros capítulos y los que escribo hoy día, ha pasado muchísimo tiempo. Yo soy consciente que la forma del segundo tomo está más cuidada que esta primera parte del primero (que no el fondo). En cualquier caso, soy plenamente consciente también que pese a que la he revisado personalmente en varias ocasiones, la novela aún contiene errores y faltas, que mis lectores me señalan con frecuencia para que los corrija y yo se lo agradezco infinitamente, como alguna palabra a la que le baila alguna letra, alguna mala correspondencia entre interlocutor y diálogo, alguna falta ortográfica traspapelada, y otras cosas que se me escapan. Para ello tengo el firme propósito de hacerla pasar por las manos de un profesional de la lengua para que pula esos errores y pula también el uso del lenguaje y señale las repeticiones evitables, como bien mencionaste en tu comentario de Zombeach.

      Agradezco de nuevo tu comentario. Espero que, dejando a un lado estas discrepancias, que confío no empañen tu experiencia, puedas pasar muy buenos ratos con la lectura.

      Que tengas un buen día. 🙂

      David.

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