3×1166 – Razón

Publicado: 10/11/2018 en Al otro lado de la vida

XXV. EL ENEMIGO EN CASA

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo

1166

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de enero de 2009

Paris se levantó y dio un paso al frente, dando un fuerte pisotón. Bárbara apretó los dientes, al tiempo que una lágrima le recorría la mejilla izquierda. Se vio tentada a ir a socorrer a Guille, pero resultaba evidente que ya nada podía hacerse por él.

BÁRBARA – Pero… ¿se puede saber en qué…? ¿¡Es que te has vuelto definitivamente loco!?

El dinamitero negó ligeramente con la cabeza. Le temblaban las manos. Su enajenamiento empezaba a disolverse, pero no por ello se sentía menos furioso. Aún con aquél rictus de odio en el rostro, miró de reojo al cadáver del chaval. Empezaba a ser consciente de lo que había hecho, pero no se arrepentía por ello. Guillermo merecía ese castigo. Haber guardado aquél terrible secreto durante tantísimo tiempo no podía quedar impune: ambos debían pagar por su mentira.

PARIS – ¡Y porque no te he encontrado a ti aquí, o al hijo de puta de tu hermano!

Bárbara hizo el amago de abalanzarse sobre el dinamitero, para matarle con sus propias manos si hubiera sido necesario, tal como él había hecho con su indefenso sobrino. Carlos la agarró de la muñeca, impidiéndoselo, consciente que la profesora no tenía ninguna posibilidad contra Paris. El ambiente estaba ya demasiado caldeado y visto lo visto, él era el único que podía hacer algo al respecto. Se colocó entre ambos y le puso una mano en el pecho a cada uno. Los dos le miraron con más que evidente antipatía.

CARLOS – Eh, eh, eh, eh, eh. Calmémonos todos un momento ¿vale?

BÁRBARA – ¿¡Que me calme!? ¿¡Pero tú has visto lo que ha hecho!?

El instalador de aires acondicionados no pudo menos que empatizar con el punto de vista de Bárbara. Él, en su lugar, ya estaría intentando sacarle los ojos al dinamitero. Aquello no había por dónde cogerlo.

CARLOS – Paris, ¿qué está pasando aquí?

PARIS – ¿Que qué está pasando?

Pequeños proyectiles de saliva salían disparados de la boca del airado dinamitero. Carlos recordaba aquella mirada, y no le gustó una pizca. La última vez que le vio en ese estado, acabó volando por los aires un barco lleno de gente, sin el menor remordimiento.

PARIS – ¿No te ha contado tu amiga quién es su hermano, lo que ha hecho ese cabrón?

Carlos frunció el entrecejo. Su relación con Guillermo siempre había sido muy superficial. Era un hombre parco en palabras y bastante independiente: no demasiado sociable. No llegaba al nivel de Juanjo, pero no era alguien que destacase demasiado, ni para bien ni para mal. No alcanzaba a comprender qué podría haberle hecho a Paris para desencadenar tal reacción.

PARIS – ¡Ellos dos! Ellos dos son los culpables de todo.

CARLOS – ¿Pero qué dices, hombre? Haz el favor de cal…

PARIS – ¡Ellos lo empezaron todo! Fue su hermano el que propagó… to… to… ¡toda esta mierda!

Carlos miró a Bárbara, sin comprender nada, buscando en ella algún tipo de respuesta. Por algún motivo, no le llamó la atención la expresión sorprendida, con los ojos bien abiertos, que se dibujó en el rostro de la profesora. Se giró de nuevo hacia el dinamitero tan pronto éste reanudó su diálogo.

PARIS – Por su culpa la humanidad entera se ha ido a la mierda. Y mírala, ahí, tan tranquila, como si no hubiera matado una mosca en su vida. ¡Nos han engañado a todos!

El instalador de aires acondicionados entendía las palabras, pero lo que decía Paris no albergaba el menor sentido para él.

CARLOS – ¿Pero no te das cuenta que eso que dices no tiene ni pies ni cabeza? Nadie sabe cómo empezó todo esto.

PARIS – Nos han lavado el cerebro a todos, Carlos. Esa mujer es mala… es muy mala.

CARLOS – ¿Pero tú te estás oyendo? Ella no era más que una maestra de escuela y su hermano…

Carlos se giró hacia Bárbara.

CARLOS – ¿De qué trabajaba tu hermano?

La expresión que vio en el rostro de la profesora no le gustó una pizca. Su mandíbula comenzó a traquetear nerviosamente. Donde debía haber incomprensión y resentimiento, vio miedo y vergüenza. Y mucho odio. Más del que parecía capaz de soportar. Bárbara no le respondió. Paris se incorporó hacia un lado y miró de frente a la profesora.

PARIS – Niégaselo. Ten los cojones de decirle que es mentira lo que digo, que me lo estoy inventando todo, que estoy loco.

Ella, superada por la situación, se limitó a mantenerse en silencio. No alcanzaba a comprender cómo el dinamitero se había enterado del oscuro secreto que compartía con su hermano, aquella pesada losa que llevaba a las espaldas desde hacía más tiempo del que jamás creyó posible.

Notaba cómo todo se iba desmoronando a su alrededor, de un modo prácticamente tangible. Ese había sido uno de sus principales temores desde el momento en el que fue consciente de la verdadera envergadura de la acción de Guillermo aquella fatídica noche de verano. Todo en lo que había trabajado hombro con hombro con aquella gente se iría al garete por culpa de Paris: cada vez lo tenía más claro. Y el motivo por el que más rabia sentía era porque en el fondo sabía que se lo merecía. Ella era tan culpable como su hermano por haberlo ocultado, y ahora ya no había tiempo de seguir alimentando la mentira, posponiendo lo inevitable.

Sabía que lo que les ocurriese a su hermano y a él como consecuencia de la revelación de Paris se lo habían ganado a pulso. Pero quien no lo merecía era Guille. Él no tenía culpa absolutamente de nada, y Paris debía pagar por lo que había hecho.

Bárbara echó un vistazo a la mesilla de noche, en cuyo cajón superior se encontraba una pistola cargada lista para ser usada. Lo único que le impedía abrirla, apuntar al dinamitero y acabar con él era Carlos, que se encontraba en mitad del camino. Ni corta ni perezosa pegó un empujón al instalador de aires acondicionados, que por no esperárselo, casi cayó al suelo. Con la mirada de los dos hombres clavada en ella, alcanzó la mesilla de noche, sacó la pistola y apuntó con ella a la cabeza del verdugo de Guille, dispuesta a pagarle con la misma moneda.

comentarios
  1. Ma. Del Rosario Verdayes G. dice:

    Muchas gracias David, en portatil nuevo quedan mas bonitos👏👏👏👏👏👏👏

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