3×1247 – Enterrador

Publicado: 22/12/2019 en Al otro lado de la vida

1247

 

Cementerio de Sheol

28 de septiembre de 2008

 

Guillermo llevaría unos cinco minutos a solas en el vestíbulo, a solas con Bárbara, cuando concluyó que ya había tenido suficiente. La sensación de paz y serenidad que se vivía ahí dentro hacía harto complicado tomar la iniciativa de salir de nuevo y enfrentarse a lo que quiera que le esperase fuera, pero al fin y al cabo, él había venido al cementerio a darle sepultura a su hermana, y ofrecerle el descanso eterno que merecía. No ganaría nada posponiéndolo.

Observó con expresión sombría a Bárbara, e hizo un gesto de asentimiento con la cabeza antes de ponerse en marcha. El anciano había abandonado la sala tan pronto entraron, y Guillermo no había vuelto a saber de él desde entonces. Se encaminó hacia la puerta por la que había entrado, y descubrió una estancia sustancialmente más pequeña. El anciano estaba de espaldas a él, frente a una camilla similar a las que utilizaban los técnicos de emergencias sanitarias en las ambulancias. La semipenumbra de la habitación, iluminada tan solo por la tenue luz tamizada por la niebla que entraba por las ventanas, hacía que la estancia ahí resultase aún más incómoda.

Guillermo se acercó un poco más a su anfitrión. Descubrió que sobre la camilla había un hombre adulto tumbado de costado. Estaba desnudo, a excepción de un slip de color blanco que ocultaba sus zonas nobles. Guillermo le reconoció. Era uno de los trabajadores del cementerio, uno de los que se encargaron de dar sepultura a su padre. Parecía que había llegado el momento de que alguien hiciera lo mismo por él.

El cadáver estaba bastante pálido, de un color muy parecido al de los infectados que habían intentado agredirle la jornada anterior, y Guillermo temía que se levantase y les atacase. Sin embargo, tan pronto vio la herida que tenía en la parte trasera de la cabeza se relajó considerablemente. La herida que tenía su hermana parecía el rasguño en la rodilla de un niño en comparación: no se levantaría. El anciano tenía aguja e hilo; había rapado la cabeza de ese hombre y ahora estaba cosiendo la brecha, con más entusiasmo que tino.

PEDRO – A él se le daban mejor estas cosas.

Guillermo se ruborizó, consciente que había estado observando en silencio al anciano durante demasiado tiempo y desde demasiado cerca.

PEDRO – Era mi hijo, ¿sabe?

Guillermo no respondió. El anciano siguió cosiendo la herida de la cabeza de su primogénito.

PEDRO – Mi hijo era tanatopractor. Bueno…. Hacía muchas cosas. Trabajaba aquí. Y era… Era muy testarudo. No… No nos hizo caso a nadie, cuando le decíamos que se fuera de aquí, que… que dejase de… No quería dejar esto abandonado, y desatendidos a los familiares que querían enterrar a sus muertos. Al principio… seguía haciendo lo mismo que siempre, solo que… con más… demanda. No sé si me entiende. Luego… llegó un momento en el que todo se desbordó. Ya no había ataúdes y… la gente seguía queriendo enterrar a sus seres queridos. Optó por enterrarlos directamente en la tierra, como antiguamente, pero… eso no fue muy buena idea, porque… algunos se levantaban, incluso después de enterrados. Luego… incluso alquiló una excavadora, para abrir una fosa y… poder enterrarles, aunque fuese todos juntos, pero lo suficientemente profunda para que… bueno, usted ya me entiende. Últimamente había habido una demanda escandalosa. Ha muerto mucha gente. Muchísima. Demasiada… Pero ahora… ahora ya da igual. ¿Verdad?

Guillermo se mantuvo en silencio. El anciano parecía pensar en voz alta, y él no tenía nada que añadir mejor que el silencio.

PEDRO – Ahora… Ahora no creo que nadie más se entretenga en traer a sus familiares muertos. No a estas alturas. Es demasiado peligroso. Demasiado jodidamente peligroso. Por eso… Por eso me sorprendió tanto verle con… con su hermana a cuestas. ¿Era muy importante para usted?

El anciano se giró hacia Guillermo. Él se limitó a fruncir el entrecejo. No había entendido la pregunta.

PEDRO – Su hermana.

Guillermo asintió. Por algún motivo las palabras no acudían a su garganta. En cierto modo, escuchar a ese hombre al que no había visto en su vida hablando de la muerte de su hermana, lo hacía todo mucho más real. Sus ojos se humedecieron, pero no lloró. Ya había llorado suficiente. Parecía más serio que triste. Guillermo se quedó mirándole, obnubilado durante varios minutos, mientras el anciano acababa lo que tenía entre manos.

PEDRO – ¿Me echará una mano?

Guillermo salió de su ensimismamiento y vio al anciano sacando un traje muy elegante de una percha que había colgada en el tirador de un cajón alto. Entre los dos vistieron al finado. Pese a que habrían podido hacerlo igualmente de todos modos, el hecho que el traje tuviese un corte vertical desde la nuca hasta el lugar donde la espalda pierde su nombre les facilitó sustancialmente las cosas. No tardaron mucho en dejarlo listo.

PEDRO – Tan solo me quedan dos ataúdes, pero será más que suficiente, ¿no? Uno será para mi hijo, y el otro… para su hermana. Pero me tiene que ayudar.

Guillermo asintió de nuevo. El anciano asió los tiradores de la camilla y la guió hacia la puerta por la que había entrado a aquella fría estancia. Guillermo le siguió hasta el vestíbulo. El anciano utilizó la llave para abrir de nuevo la puerta principal y se giró hacia Guillermo.

PEDRO – ¿A qué espera? Tráigasela consigo, que tengo los ataúdes fuera.

Guillermo asintió, y levantó de nuevo el cuerpo sin vida de su hermana del sofá. Ahora parecía mucho más ligera que antes. El anciano se disponía a salir por la puerta cuando Guillermo le increpó.

GUILLERMO – ¿No se lleva la escopeta?

El anciano miró hacia el arma que descansaba sobre el mostrador.

PEDRO – ¿Eso?

El anciano negó con la cabeza.

PEDRO – Está descargada. Y además… ni siquiera sé usarla. Me la encontré tirada en mitad de la calle, hace un par de días. Venga, no querrá que se nos haga tarde.

No era una pregunta. Guillermo asintió de nuevo, y siguió al anciano fuera del edificio principal del cementerio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s